De paros y protestas estudiantiles

Para mí es positivo que estudiantes de la UVG, URL y otros centros educativos respalden la movilización que la Asociación de Estudiantes Universitarios “Oliverio Casteñeda de León” de la USAC, convocó este 20 de septiembre, debido a los embates sociopolíticos que el gobierno ha originado en el país durante los últimos meses.

Ese espíritu de justicia y cambio social orientada al bienestar de nación es lo que necesitamos en la juventud. Ese ánimo de no callar o ser indiferente ante las injusticias es lo que deja huellas y marca pautas en la historia.

No obstante, durante años hemos venido presenciando manifestaciones, protestas, paros y huelgas estudiantiles que, posteriormente, no tuvieron mayor efecto, más que haber sido efervescencia a la indignación y discrepancia coyuntural.

Más que repudio y rechazo a las crisis que provocan los desaciertos gubernamentales, la sociedad requiere de nuevas generaciones de ciudadanos comprometidos a subsanar, mejorar y engrandecer al país. Por supuesto, la libertad de manifestación es pilar en una democracia, la cual se debe celebrar y defender. Sin embargo, ésta no trascenderá si únicamente se circunscribe a un sentimiento circunstancial u ocasional, subiéndose a la moda de la indignación y la protesta.

Bien es cierto que nuestras voces deben unirse contra los abusos, ilegalidades y a toda forma de opacidad e impunidad que se externalice en el Estado. Pero además de ello, no solo en la juventud y en el estudiantado, sino también en el campesinado, en los colectivos indígenas, en todo grupo de lucha social y en cada persona, en quienes se encuentre el anhelo de ver cambios profundos y reales en la sociedad, debe nacer el compromiso, la responsabilidad y congruencia, desde ahora, de ser un paradigma inmediato, continuo y extensivo en los contextos en que se desenvuelven.

Por otro lado, también es un encargo imprescindible a nuestras casas de estudio, puesto que, algunas de ellas, han degrado de tal forma la academia y la educación al maquilar profesionales al mercado laboral, perjudicando de esta manera a la sociedad, haciéndose cómplices de la mediocridad y yerros de estos en el mal ejercicio de sus fines.

Las energías, creatividad, coraje, pasión, entre otros aspectos valorativos de la juventud y estudiantado universitario, deben emular, cultivar y cosecharse en todos los ámbitos; de tal forma que, en su desempeño profesional, apliquen no solo su disciplina académica, sino también expresar la ética y moralidad que hoy demandan en los gobernantes; y no repetir el vicioso círculo turbio, tan arraigado en ciertos sectores de la sociedad que se resisten al cambio, al cuestionamiento y a la honorabilidad.

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