Cómplices de sangre, cómplices de muerte

A la administración del presidente Morales no le basta ser cómplice de sangre en el territorio guatemalteco como producto de sus graves desaciertos, incapacidad, fanatismo y ofuscación: en la muerte de 41 niñas de un hogar bajo el cuidado estatal, en la muerte de tantos ciudadanos a causa de la inexistencia o precariedad a los derechos básicos como salud, educación, seguridad y alimentación, resultado del abuso, saqueo y corrupción en las instituciones públicas.

A la decisión del gobierno estadounidense de trasladar su embajada a Jerusalén se sumaron Guatemala, Honduras y Paraguay; despertando fuerte rechazo de organismos internacionales y de países árabes y de América Latina, al considerar que viola el derecho internacional y pone en peligro la posibilidad de una solución pacífica al conflicto entre los dos Estados que se disputan la titularidad de la ciudad de Jerusalén como su capital.

En el caso del gobierno guatemalteco, el respaldo hacia a la postura estadounidense obedece particularmente a dos razones. La primera concierne a una burda e inocente estrategia política que busca congraciarse con la administración de Trump, cuya finalidad primordial radica en solicitar disminuir o frenar las donaciones económicas del gobierno norteamericano a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG); petición que pretende socavar los avances y señalamientos en materia de lucha contra la corrupción, en la que incluso ha sido señalado el propio presidente de Guatemala, su partido de gobierno y varios allegados a estos, entre quienes destacan funcionarios, empresarios y militares.

En segunda instancia, la determinación del gobierno de Guatemala en trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén obedece a razones religiosas en cuanto a, que tanto el presidente guatemalteco como varios funcionarios y asesores de gobierno, se autoidentifican con grupos conservadores de tendencia evangélica, quienes sostienen la hipótesis dogmática de un paralelo bienestar o adversidad en consecuencia a la respuesta con el Estado de Israel.

Obviando el gobierno guatemalteco, sea deliberada o inconscientemente, las circunstancias legales y morales prescritas en el artículo 149 de la Constitución Política de la República de Guatemala, en cuanto a relaciones internacionales, se ha hecho evidente que la principal motivación del traslado de la embajada guatemalteca en Israel, acata en esencia, intereses personales y de grupos sectarios, que casualmente poseen señalamientos opacos en la administración pública y que a la vez pertenecen a sectores asociados a la religión.

A la administración del presidente Morales no le basta ser cómplice de sangre en el territorio guatemalteco como producto de sus graves desaciertos, incapacidad, fanatismo y ofuscación: en la muerte de 41 niñas de un hogar bajo el cuidado estatal, en la muerte de tantos ciudadanos a causa de la inexistencia o precariedad a los derechos básicos como salud, educación, seguridad y alimentación, resultado del abuso, saqueo y corrupción en las instituciones públicas.

¡No! No les bastaba ser partícipes y encubridores de estos males. Al contrario, secundando una resolución gringa para buscar proteger sus particulares intereses, aplaudieron el cambio de embajada mientras decenas de personas eran asesinadas y reprimidas en la frontera israelí, al protestar en contra de los traslados diplomáticos a Jerusalén.

Estas protestas se sumaban a la manifestación anual denominada La Gran Marcha del Retorno en la que los palestinos exigen el retorno a sus territorios de los que fueron expulsados desde 1945, y que el Estado de Israel ocupa ilegalmente, contraviniendo incluso a las resoluciones de la ONU que rechazan la ocupación israelí. Así mismo, las manifestaciones se daban en el marco de la conmemoración del 70 aniversario del Día de Nakba (Día de la catástrofe) recordado cada 15 de mayo, y que solo el recién 14 de mayo registraron al menos 60 palestinos muertos y más de 2770 heridos a manos del ejército israelí.

Al argumento de que este cambio histórico (violatorio a resoluciones internacionales y a la Constitución de la República de Guatemala) “traerá tantas bendiciones a Guatemala” como lo expresara el presidente del Congreso, Arzú Escobar;  o “un legado que traerá grandes beneficios” en palabras del presidente Morales. Lo que realmente ha traído es una complicidad en la muerte de muchos palestinos.

Escribía en otro momento que no hace falta maldecir a una nación con supuesta protección divina para recibir equivalente anatema. Guatemala ha estado sumida en una continua maldición de acentuada crisis, corrupción e impunidad desde que nos gobiernan personajes cuestionables que se dan baños de pureza al sostener sus ideas religiosas, pero que en consecuencia a sus principios evidencian una abismal separación entre el creer y el hacer que ha perjudicado desproporcionadamente a Guatemala a través del quehacer político. La separación Iglesia-Estado aunque usualmente aceptado, aún está lejos de ser aplicado.

En este contexto, concluyo que hace falta avanzar y seguir educando y demandando un sistema educativo fuerte en el que prevalezca la laicidad y los principios universales de bienestar por sobre la religiosidad aún prevaleciente en muchos ámbitos de la vida nacional, que incluso hace que varios ciudadanos justifiquen, de su desconocimiento e incomprensión, la muerte de otros por demandar respeto a sus derechos humanos, a partir de una perspectiva dogmática sino mitológica.

¡Piensa, te va a gustar!

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