Chimuchay: fuego, humo y basura

─ “Mi esposo ya sufre de problemas pulmonares a causa del espeso humo que se concentra en la casa…” -afirma doña Odilia Roquel con tono preocupante; mientras sostiene a un niño de dos años en sus brazos. Y es que su preocupación no es para menos. No solo por su esposo, sino también por ella, su familia y sus vecinos.

Chimuchay, es el nombre de un sector y de un basurero no autorizado, ubicado en la zona 4 de San Juan Comalapa. Este vertedero de residuos y desechos sólidos origina varios problemas medioambientales y sociales comunes, los cuales no son exclusivos al ámbito local-regional, sino también es propio en contextos internacionales al ser desatendido.

A pesar de que por años venimos recibiendo orientación y sensibilización en cuanto a las implicaciones que resultan del manejo y clasificación de la basura, así como de los efectos que produce al no tenerlo en cuenta; se evidencia en nuestros entornos que no es un tema que nos ocupe con importancia atender.

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Se ha venido recalcando tanto por distintas agencias, organismos, instituciones, centros de investigación y medios comunicación; del mismo modo que ha sido plasmado en estudios, documentales, programas y políticas medioambientales, sobre la imperante necesidad de atender, mitigar y resolver los problemas ocasionados por la basura no controlada; y todos estos esfuerzos y uso de recursos, se han traducido en niveles mínimos de acciones concretas que contrarresten los inconvenientes en torno a los desechos y residuos sólidos. Y el municipio de Comalapa no es la excepción al flagelo.

Chimuchay es apenas uno de los 13 vertederos que identifiqué en un superficial recuento de los basureros en el casco urbano y sus periferias, sin identificar ni conocer los que se hayan en las 15 aldeas del municipio y demás caseríos. De los que tengo al tanto, son apenas 3 basureros que poseen una especie de control, sumando entre ellos un relleno sanitario que manifiesta sus retos particulares.

Lo cierto es que resolver el problema de la basura y sus efectos derivados no es competencia exclusiva de la municipalidad, como algunos limitan a opinar; más bien, es compromiso y responsabilidad social: desde las familias conscientes de los impactos, pasando por las organizaciones vecinales, Consejo Comunitarios de Desarrollo, centro de enseñanza (académicos, religiosos, artísticos, de salud, entre otros), hasta llegar al gobierno local; cuyo papel ideal se resumiría en el manejo y tratamiento adecuado de los residuos y desechos sólidos que la población ya haya clasificado.

Considero a este punto que la basura en sí no es un problema; más bien, el problema se dimensiona a partir de los patrones culturales-educacionales, como el consumismo y el desinterés de proteger el medioambiente y los recursos naturales; tanto por la poca voluntad individual que existe para tratar los restos materiales que dejamos de utilizar, y esto se hace incuestionable puesto que son muy pocas las personas que han implementado métodos de reciclaje, re-uso, reducción y regulación de su basura.

Generalmente somos propensos en trasferir toda responsabilidad y obligación para la solución de los problemas sociales al gobierno local de turno; y aunque su razón de ser radica en atender las demandas y necesidades de la población, también estas competen a quienes conformamos una estructura social y es nuestro deber, de igual manera, velar y trabajar por el bienestar colectivo.

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A pesar de haber presentado personalmente a las instancias respectivas, el incendio y malestar que el botadero de Chimuchay origina; ha pasado un mes desde la denuncia y preocupación, y hasta el día de hoy, el fuego, el humo y la basura, aún no se le presta atención.

Me parece formidable y aplaudo muchas de las acciones y proyectos del actual gobierno local; sin embargo, considero que falta voluntad política para atender esta situación. Si bien es cierto son necesarias las acciones inmediatas y de corto plazo para resolver el problema de la basura ¡que todos ocasionamos!, también las propuestas y políticas de mediano y largo plazo son indispensables para conducir a una ciudad de más 47,000 habitantes a estados de bienestar integral.

Así, la consigna de “trabajemos y caminemos juntos para el bien de todos” no será solo retórica y pie de página, sino también una realidad a quienes por el momento nos vemos afectados, a pesar de vivir a más de 300 metros lugar.

Post data: Si usted es netcentero municipal, y su oficio es informar la actividad virtual de otros, hágase el favor de releer esta columna para no descontextualizar el propósito del artículo. ¡Piense, le va a gustar!

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