Los comunistas come niños

El discurso de que la lucha contra el crimen organizado, principalmente la que procura desbaratar las mafias incrustados en las instituciones del Estado, es una cuestión de “comunistas” o de “izquierdas” que quieren tomar el poder, ha ido permeando en ciertos sectores del país que incluso se relucen a afirmar: “aquí nos podemos morir de hambre, pero no vamos a aceptar el comunismo, aquí podemos ser analfabetas, pero no aceptamos el comunismo”.

Toda esa concepción y diatriba anticomunista que varios resueltamente han adoptado y propagado, no solo obedece a las estrategias de manipulación de grupos de poder político, económico y militar, inclusive religioso, que han sido afectados en investigaciones de corrupción; sino además evidencia que, en el imaginario colectivo, aun persiste ese espíritu tutelado y sumiso, débil e incapaz de caminar y formarse intelectualmente por cuenta propia.

Sostener que la batalla contra la criminalidad institucional y los avances a favor de la justicia, son un tema de agenda ideológica de “izquierdas” que pretende convertir a Guatemala en otra Cuba o Venezuela, es propio de grupos y personas que:

1) tienen vínculos con el crimen organizado;

2) temen perder sus privilegios alcanzados de forma deshonesta;

3) tienen familiares o amigos señalados en actos anómalos;

4) les es propio manipular y ser manipulados; y

5) poseen un nivel intelectual muy bajo.

Todos los esfuerzos por minar y desprestigiar los esfuerzos y logros a favor del país en materia de justicia y fortalecimiento institucional, por ende, la vigorización de la democracia, serán mucho más fuertes de aquí a las elecciones generales del 2019; puesto que un sin número de personajes cuestionables y con señalamientos, no querrán perder el poder que hasta ahora los tiene inmunes y asociados.

Con tal de mantener el estatus impune y corrupto que ha caracterizado a la clase política en Guatemala, particularmente liderado por demagogos y no por estadistas, con patrocinio de élites económicas; recurrirán, en nombre de Dios, de la institucionalidad y la “patria”, a todo mecanismo de desinformación, descrédito y censura, hacia toda persona u organización que procure exponer todo ilícito en el que funcionarios públicos y empresarios han estado involucrados.

O más pronto quizá, como producto de la indignación y el repudio a la clases sociales que negativamente nos han gobernado, tengamos una desobediencia ciudadana alejada del discurso (Ojalá no suceda ¿o acaso sea la alternativa al cambio?)

¡Piensa, te va a gustar!

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