Navidad con olor a muerte

Inmediato al nacimiento de Jesús, el evangelio de Mateo narra algunos eventos que particularmente me intrigan y desconciertan.

Uno de esos eventos registra la turbación que el rey Herodes y la élite gobernante tuvieron ante el anuncio del nacimiento de un nuevo rey, y de cómo este aviso, originó un siniestro plan para asesinar a todos los niños menores de dos años que vivían en Belén por esos días; con el propósito de desaparecer al profetizado “príncipe de paz”.

Con el fin mantenerse en el trono, Herodes I, El Grande, se le endosa el asesinato de sus hijos, esposas y de otros familiares y príncipes; por lo que planear un infanticidio en masa, no entraba en duda si de conservar los privilegios se tratase.

Este sanguinario personaje de la historia ejemplifica la perversión del poder que hoy en día no nos es ajeno. En los puestos de gobierno de muchos países del mundo, atestiguamos tiranía, despotismo, guerras, impunidad y corrupción; males sistematizados e institucionalizados para favorecer intereses egoístas y corporativistas.

Mi país no está exento de los vicios del poder. Mientras miles de familias son víctimas de la pobreza, desigualdad, desempleo, injusticias, violencia, entre otras ignominias; unos cuantos funcionarios y empresarios, desdeñan a la ciudadanía con exorbitantes sobresueldos, despojos y explotación; ignorando conscientes los problemas de fondo que apenas a unos pocos interesa resolver.

Muchos Herodes I detentan hoy el poder. Gozan su estatus a precio de sangre. Procurando conservar sus privilegios, aunque legales, inmorales; afrentan descuidada o deliberadamente, a miles de infantes a una navidad que equivale a desesperanza y muerte: sin hogar, sin alimentos, con precariedad o inexistencia de servicios de salud, educación y seguridad.

Los serviles y aduladores de Herodes también son cómplices de la muerte de los inocentes. El silencio, la inacción y la indiferencia son factores que vigorizan y defienden a despiadados personajes que hoy celebran y derrochan los frutos del pillaje, del engaño y de la astucia.

La perversión en el poder no solo debe ser registrada como datos para la historia. También debe ser señalada, confrontada, juzgada y corregida para garantizar un estado de bienestar que muchos hoy apenas sueñan. La matanza de los inocentes, de los desprotegidos, de los sin voz; es una realidad tras el telón de la navidad, y probablemente, de cada día del año.

¡Piensa, te va a gustar!

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