La cultura del terror y la extorsión

Voy viajando a casa. Apenas unos minutos pasan de abordar el veloz transporte extraurbano, cuando dos hombres de apariencia demacrada, quizá por las drogas, alteran la comodidad de los pasajeros exigiendo una “ayuda”; justificando que en Guatemala no hay oportunidades de trabajo.

El perfil de los dos jóvenes podría caer en la categoría de “antisociales” problemáticos. Tatuajes indescifrables en el rostro y brazos, aretes en la oreja, gorra plana, ropa holgada y léxico vulgar.

Advierten no ser “como los otros que piden 20 varas por cabeza”, “ni como otros que suben a despojar pertenencias”; sino al contrario, ellos solamente requieren de “echarles la mano con algo voluntario”, pues lo único que buscan es comer. Los viajeros entienden la situación, se desprenden con incertidumbre y temor de esas monedas que apartaron ante cotidiana y lamentable experiencia social. Los dos hombres agradecen irónicamente su “asalto diplomático” y bajan de la camioneta sin ninguna preocupación.

El suceso es común, delirante, amenazador y naturalizado al parecer. Es una vivencia típica que se vive al transportarse en los buses urbanos y extraurbanos de la “ciudad del futuro”.

No habían pasado ni dos minutos cuando nuevamente suben dos “vendedores”. Uno de ellos, con semejante aspecto de los dos primeros que describí, codicionó a todos a recibir las galletas que su compañero repartía de una negreada caja de cartón.

“¡Cinco varas por cabeza muchá! Repetían con insistencia y amenaza ambos jóvenes. Uno de ellos despertaba bruscamente a quienes dormían, o fingían dormir, e incluso intentó con abuso, abrir las mochilas de varios pasajeros impotentes.

Infundir temor como estrategia de dominación del que persigue ciertos fines; y pasivisad, silencio e incapacidad de las víctimas. Bien que han aprendido la táctica cobarde de aquellos señores de traje verde olivo que lucran con despojo, miedo y sangre desde ya varias décadas en Guatemala. Tan bien que emulan en micro las prácticas que tantos funcionarios de gobierno hacen macro.

¿Qué soluciones planteamos? ¿Cómo reducir esta cultura de terror y extorsión que invade a un buen porcentaje de la sociedad? ¿Tendrán los funcionarios encargados de la seguridad ciudadana, innovación en sus planes, estrategias y acciones que brinden un ambiente de confianza y tranquilidad en la ciudadanía?

¿Servirá de algo denunciar el más mínimo asalto? ¿Cuántos se han atrevido a denunciar ante las autoridades al respecto? ¿Seguiremos acostumbrados acaso, a mantener una cultura de silencio y tolerancia a estas situaciones? ¿Qué y cómo podemos hacer para contribuir a frenar esta situación?

Deja una sensación de impotencia estos sucesos que a diario viven miles de guatemaltecos. Sin sumar en este relato, las amenazas de muerte a pilotos, los asaltos, asesinatos y extorsión activa; flagelos en el ámbito de seguridad que nos sucumbe como una sociedad violenta, desigual y retrasada.

Quedan pocos kilometros a casa. Acá por lo menos se respira un aire más positivo.

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Un comentario en “La cultura del terror y la extorsión

  1. cualquiera puede notar en estas experiencias como violación a la vida y las pertenencias bien habidas y es repudiable aquí y en cualquier parte del mundo. pero si se usa la SAT para hacer el saqueo, hombres bien vestidos, justificando lo mismo por que no hay oportunidades, hay pobreza, etc, esto lo convierte en moral ético y humanitario para algunos. Esto debe ser la función del gobierno proteger la vida y las pertenencias bien habidas. Estamos entre la espada y la pared.

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