Fracasos de la educación cristiana en la niñez y juventud guatemalteca

El auge de los centros de educación cristiana en Guatemala, podría decirse que responde no solo a la demanda de la población escolar, sino de una manera más categórica, al interés fundamental que sostienen grupos religiosos de incrementar y afianzar seguidores.

 Los puntos de vista expuestos en este artículo, son producto de una observación personal derivado de factores vivenciales; a la vez, del análisis de un vídeo informativo respecto a una protesta contra el Proyecto de Ley 3896, denominado Ley de la Juventud, en donde jóvenes escolares evangélicos manifestaban en contra de su aprobación; el cual permite vislumbrar ciertas carencias en el patrón educativo en el que son formados, vacíos que serán abordados en líneas posteriores.

 Desde luego, al analizar el sistema educativo nacional desde una perspectiva general, podemos inferir que sustenta varios defectos estructurales, lo cual provoca que los modelos de enseñanzas y la enseñanza misma no logren catapultar a los educandos en los ámbitos de competitividad global, ya que el sistema mismo y sus modelos, responden a intereses económicos, políticos e ideológicos de regímenes que subsisten a expensas de las clases dominadas.

 En este sentido, al hablar de los fracasos de la educación cristiana en la niñez y juventud guatemalteca, no se pretende establecer enfoques exhaustivos; más bien, se han deducido ciertas proposiciones a partir de la participación presencial y la observación indirecta; antecedentes que no solo se hallan en los centros de educación con orientación religiosa, sino de igual manera, pero en menor proporción, en los establecimientos laicos.

 Por consiguiente, se abordará a partir del fenómeno central de análisis, la educación cristiana, cuatro aspectos fallidos que destacan de ella:

 1. Falta de estimulación del pensamiento crítico

 Se define como pensamiento crítico a aquel proceso que “consiste en analizar y evaluar la consistencia de los razonamientos, en especial aquellas afirmaciones que la sociedad acepta como verdaderas en el contexto de la vida cotidiana. Dicha evaluación puede realizarse a través de la observación, la experiencia, el razonamiento o el método científico. El pensamiento crítico exige claridad, precisión, equidad y evidencias, ya que intenta evitar las impresiones particulares”. (1)

 Al decir que las instituciones cristianas no estimulan el pensamiento crítico, se pretende afirmar que este proceso no es aceptado ni tenido como necesario por los educadores religiosos, ya que la proyección al que están regidos es la de adoctrinar, sin cuestionamientos ni debates, las creencias de los grupos religiosos. Alentar el pensamiento crítico en los alumnos parece un peligro, un temor a “perder” a los niños y jóvenes. Un miedo a que el sistema o el status quo se desbarate, y no hayan mas quienes sigan las reglas del juego, de su juego.

 No obstante, como resultado de la formulación y ejercicio del pensamiento crítico, de acuerdo al Dr. Richard Paul y la Dra. Linda Elder, un pensador crítico logrará (2):

  • Formular problemas y preguntas fundamentales, con claridad y precisión;
  • Reunir y evaluar información relevante utilizando ideas abstractas para interpretarla efectivamente;
  • Llegar a conclusiones y a soluciones bien razonadas, y someterlas a prueba confrontándolas con criterios y estándares relevantes;
  • Pensar con mente abierta dentro de sistemas alternos de pensamiento; reconociendo y evaluando, según sea necesario, los supuestos, implicaciones y consecuencias prácticas de estos y,
  • Comunicarse efectivamente con otros para idear soluciones a problemas complejos.

Por los argumentos ya planteados es que resulta abrumador como un grupo de inconformes religiosos, manipuladores y acarreados, porque no hay otro calificativo para describirlos; no encuentren razones válidas y oportunas para defender su postura (Vídeo). Y como se resaltaba, esta carencia intelectual no es competencia única de los escolares venidos de centros educativos con tendencia cristiana, sino que esta situación puede asemejarse en el sistema educativo general; producto de la ausencia de este ejercicio elemental para el desarrollo cognitivo, donde la responsabilidad para su pleno alcance cae en cierta medida sobre los educadores.

Las instituciones escolares inclinadas a impartir credos y espiritualidad, tienen un desafío grande por delante, si no desean crear autómatas circunstanciales que cambiarán de criterio cuando encuentren otras ideas fascinantes. Es decir, deben procurar establecer convicciones que favorezcan a la sociedad basadas en razones lógicas y no trabajar para que los alumnos aprendan letanías y credos costumbristas sin más fundamento que el “esto así debe ser”. Instruir a una población escolar sin incentivar dudas, preguntas y búsqueda de respuestas, más que solo transmitir doctrinas imperativas sin análisis, provoca que los chicos aprendan a repetir como torpes robots lo que se les ha programado, o ni eso incluso.

2. Sus centros educativos funcionan como bunker moral y mercado.

La creación de fortalezas para defenderse de embates siempre ha sido necesario para mantener cierta tranquilidad del caos externo. Las instituciones escolares cristianas parecen emular esta situación. En Guatemala, es común encontrar que los centros educativos cristianos son una extensión bien planificada de iglesias que prefieren que sus niños y jóvenes crezcan en ambientes “libres de la contaminación del mundo”.

Incluso, los mismos establecimientos funcionan como anexos contiguos a los lugares de asamblea religiosa. Puesto que los bunkers funcionan para protegerse en las guerras, quiere decir que su uso es principalmente militar, muy pocas veces civil.

La comparación no está por demás. En la mayoría de centros educativos cristianos se preparan a los alumnos “para la guerra”. Una guerra que cada día pierden ante los embistes de las olas morales relativas; sumado a eso, la degradación interna que sufren estos centros por los casos inmorales que se descubren en ellas. Las escuelas con educación cristiana fallan en ese papel.

Si bien es cierto que dentro de ellas se procura que los chicos no imiten actitudes y/o conductas no propias de los principios cristianos ¿Qué garantiza que fuera de ellas los muchachos actúen consecuentes? Desde luego, la responsabilidad individual es innegable; sin embargo ¿De qué sirve que en las escuelas cristianas los niños y jóvenes sean ángeles de Dios, si en su familia o en la sociedad no sean capaces de manifestar un compromiso con lo que creen; o más bien, con lo que son obligados a creer?

En consecuencia, es importante retomar que el incentivar al pensamiento crítico, resulta quizá, lo importante al momento de pretender impartir conocimiento; ya que ellos mismos evaluarán y deducirán la mejor vía a tomar. El impedir la autonomía del niño o del joven basándonos en preceptos y prohibiciones duras e insistentes, solo logrará que los chicos curioseen y experimenten lo que las reglas impiden. Entonces, el bunker moral cumplirá solamente una función geográfica determinada y no un cometido global.

Para nadie es un secreto que hoy por hoy se ha tomado la educación como un negocio. Es decir, cuando se califica a las instituciones educativas cristianas como un mercado, se establece que existe una relación económica importante. Es otro modo de negociar con la fe. La sutileza de muchos los líderes religiosos en complicidad con los padres, hace que muchos centros educativos cristianos sean la empresa perfecta de algunos.

El modelo social de mercado es de por sí controvertido para los establecimientos de educación cristiana. Debido a que la mayoría funcionan como instituciones privadas, en ellas figurarán solamente los que se solventen en recursos económicos; dejando a un lado, a quienes no pueden costearse una educación “mejor”. En otras palabras, los colegios cristianos representan a grupos elitistas que creen que por becar a una o dos personas pobres, están cumpliendo su labor misional e inclusivo del mundo. En consecuencia, la labor cristiana de abnegación se diluye y desaparece en una sociedad lastimada y excluida, donde se valora a los demás por su posibilidad financiera.

3. Instauran apatía a los temas político-sociales.

 

Dentro de los “vastos” argumentos que resulta de la indiferencia cristiana a las cuestiones político-sociales, se encuentran por ejemplo: a) que los cristianos no deben hacerse amigos del mundo porque significa ser enemigo de Dios; b) que Dios en su voluntad y soberanía, es quien quita y pone reyes (autoridades); c) que los creyentes no fueron llamados a contradecir la voluntad de Dios, sino a obedecerlas y orar por las autoridades y gobernantes; d) que los cristianos son ciudadanos de la “patria celestial” y que los asuntos en el mundo descuidan la vida espiritual; e) que Dios destruirá este mundo y que por eso Jesús fue a prepararles moradas en los cielos; f) que los afanes en la tierra y la vanagloria de la vida no provienen de Dios; entre otros.

Estos conceptos, producto del fanatismo y egoísmo, han ido progresando y teniendo un cambio relativo respecto a como los educadores religiosos interpretan el mundo; no obstante, tales ideas aún persisten de cierto modo en las escuelas de pensamiento radical.

La neutralidad y el desinterés con las cuales son formadas las mentes jóvenes, son parte del diseño hegemónico que grupos de poder se esfuerzan en mantener; ya sea por medio de la educación, la religión, el arte -catalogado aquí como ocio y entretenimiento-, o por los hábitos culturales cambiantes (moda). Estos factores de dominación se constituyen en herramientas efectivas para tener en letargo a buena parte de la sociedad.

La globalización de la relaciones y de la información viene a contribuir a que esta característica del fenómeno educación cristiana reduzca su fuerza doctrinaria, y que vaya alcanzando ahora, cuotas de sensibilidad y conciencia social en ámbitos como la política, cultura, arte o educación.

La apatía con la que se ha instruido a los niños y jóvenes de escuelas con educación cristiana, ha perjudicado notablemente a la sociedad; por cuanto a que en las demandas y participación social se espera una presión y propuesta de todos los sectores, los del conglomerado religioso, en su mayoría, se mantienen al margen de los sucesos por su ciega obediencia a los preceptos y dogmas de la religión.

Como consecuencia, cuando aparecen para oponerse a asuntos de interés nacional, figuran como personas sin argumento, sin conocimiento de causas, sin criterio propio; creando más que solo espectáculo y dejando en ridículo a los grupos que representan. Observemos el vídeo por ejemplo.

4. Promueven fobias y aversiones respecto a conductas, ideas o condiciones no compartidas.

Puesto que la doctrina cristiana califica de “pecado” todo aquello que no se ajuste a sus enseñanzas, es común que ante comportamientos y conceptos ajenos tiendan a vilipendiar a sus actores, en vez revelar los principios humanos que se recalca en su libro sagrado.

Por citar, en el 2014 un pastor chileno sugirió que todos los homosexuales fueran enviados a vivir solos a una isla a 600 kilómetros de tierra firme porque promovían actos “antinaturales” (3). En otro caso, un pastor manifestó tratar a los de la diversidad sexual como a “enfermos”; y también afirmó, que los negros de África son tales por un castigo de Dios (4); entre tantos incidentes mundiales.

Ahora bien, estos razonamientos no corresponde a pensamientos individuales, como bien pudiera afirmarse; al contrario, tales nociones demuestran la generalidad de criterio que sostienen los colectivos religiosos, particularmente los cristianos; y que conforma el bagaje educativo que en la mayoría de escuelas con educación cristiana es impartido.

Lejos del detalle sexual que se ha mencionado, también impera la desconsideración a otras formas de pensar, de vivir, de creer. Para muchos “iluminados”, persiste la opinión de que el cristiano guatemalteco debe sostener una ideología política de derecha, que su vestimenta debe ser ladina y que su idioma por fuerza sea el español.

Siendo un tanto retrospectivo, basta con mencionar la ferocidad del adoctrinamiento colonial y de cómo esta se implementó con tal magnitud hasta ver secuelas de este pensamiento en los gobiernos cristiano militaristas del siglo XX.

La tolerancia, el respeto, el amor incondicional, el diálogo y el intento de vivir en armonía en un mundo divido por filosofías variadas, son principios que deben tratarse en las aulas de tendencias religiosas, si es que no tienen nada que temer.  Las ideas fundamentalistas alimentan el odio y la intolerancia al prójimo.

Los centros educativos con instrucción cristiana, adolecen, desde esta visión personal, de estas cuatro características: La ausencia del estímulo al pensamiento crítico, la funcionalidad moral sobreprotectora y comercial de sus instituciones, el implantar indiferencia en los asuntos sociales y el apoyar la repulsión hacia otros que no creen ni piensan como uno; son  esferas sobre los que hay que entablar conversaciones profundas.

¡Pensemos, nos va a gustar! (O tal vez no tanto)

1: Definición de pensamiento crítico 

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