RENAP, comunidad LGBTI y sectores religiosos en Guatemala

Hace unos días, el miércoles 16 de marzo para ser específicos, algunos medios de comunicación digitales en Guatemala dieron a conocer la actualización en el Protocolo de Atención a los usuarios de la comunidad LGBTI que el Registro Nacional de las Personas implementó.

Generalmente cuando se aborda una situación que implique al colectivo LGBTI, suele notarse de inmediato los sesgos de un sin número de gente, entre quienes resaltan particularmente los sectores machistas, sexistas y grupos religiosos conservadores.

Sorprende en concreto las voces religiosas cristianas que de manera inminente vierten toda clase de oposición externando su homofobia, bajo afirmaciones estridentes de connotaciones espirituales ya conocidas, despectivas e incluso soeces, que sin necesidad de análisis, inquieta, intriga y hace preguntar ¿son estos los que representan a Jesús?

El tema de la actualización al Protocolo LGBTI en el Registro Nacional de las Personas, según lo que pude recabar al respecto, determina la manera de atender a los usuarios con orientación sexual e identidad de género asociados a la comunidad LGBTI. La modernización al Protocolo para la Atención de Usuarios de esa entidad, contiene, en especial, normas de atención de las que se puede mencionar las siguientes:

  1. Que la atención a los usuarios debe centrarse en las personas y no en su apariencia, y que la imagen no debe influir en las actitudes de cortesía.
  2. Que no podrán utilizar actitudes y lenguajes discriminatorios, miradas o murmuraciones basadas en prejuicio, por la apariencia del usuario, tal como su maquillaje y/o vestimenta, proporcionando un servicio con calidad y evitando que la expresión de género condicione el actuar del trabajador.
  3. Que deberá brindarse un servicio sin distinción ni restricción por la orientación sexual e identidad de género de toda persona.
  4. Que si una persona se identifica como transexual, se le deberá preguntar cómo quiere ser llamada durante la prestación del servicio, aunque su Documento Personal de Identidad -DPI­ establezca otro nombre, refiriéndose a ella según se identifique, es decir, de forma masculina o femenina independiente del sexo registrado.
  5. Que los trabajadores deben recordar que la apariencia física de la persona, no corresponderá necesariamente con lo socialmente esperado por determinado sexo, por lo que, esto no sería un impedimento para la captura de la imagen para el DPI, en tanto ello, no exija que la persona tenga una imagen determinada que corresponda al sexo registrado.
  6. Que los trabajadores de la institución actúen sin homofobia o transfobia al atender a un usuario de la comunidad LGBTI.

Dados estos detalles, lo que sorprende en verdad es la poca o nula capacidad y voluntad de investigación o información en torno al tema por parte de las personas y sectores cristianos conservadores; porque, ni bien las siglas LGBTI estaba en el escenario, despotricaron y vapulearon agudamente a los partidarios de este colectivo. Inmisericordes, enviaron al infierno, los trajeron de vuelta para vilipendiarlos y luego los volvieron a enviar, con aquellos característicos clichés religiosos que los identifica como “amadores del prójimo”, cuando el punto en cuestión del RENAP es garantizar el respeto en la atención que toda persona merece.

Acá queda algo claro de esa deforme interpretación cristiana que muchos sostienen hoy en día: están enviados, escogidos, ungidos e iluminados, aparente y exclusivamente a contraponerse con ímpetu a toda persona cuya orientación sexual e identidad de género no corresponde o encaje en su religión; pero no sostienen tales vehemencias ante la pobreza, la desigualdad, la violencia, corrupción, impunidad y otras tantas formas de injusticia que ocurren visible y ampliamente a nuestro alrededor.

Evidentemente, los religiosos tienen cierta aversion selectiva, muy personal, hacia ciertas conductas y maneras de pensar de determinados grupos, que en el afán de su cacería de desacuerdos, se olvidan, o ignoran concientemente, los demás aspectos reales e inmediatos que Dios les manda a fijarse; pero prefieren atacar lo más mediático y debatible para no perder su cuota de interés en el mundo.

Líderes de distintas denominaciones cristianas hoy se rasgan las vestiduras y sacan las uñas por algunas disposiciones administrativas que buscan frenar la discriminación y respetar los derechos humanos.

Tal vez estas normas que el RENAP comunica debieran ser consideradas también en las iglesias y estampadas en las portadas de nuestras biblias, porque con eso de que denotamos repudio, oposición y odio en la atención protocolaria de usuarios “que no encajan”, normativas de tal naturaleza, a lo mejor produzcan ese efecto que se recalca una y otra vez en ella: Amarse los unos a los otros.

¡Piensa, te va a gustar!

 

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