El lado oscuro de la fuerza: Militarismo, la oposición y una historia que parece no acabar.

El maestro Yoda en sus memorables intervenciones, acierta cual adagio sapiensal a Anakin Skywalker las siguientes palabras:

«El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti».

Los que nacimos al término de la década de los ochentas podría decirse que entramos, por lo menos en lo que a mí y otros de mi generación coincidirían, en la etapa post enfrentamiento del Conflicto Armado Interno, que dura y tristemente hoy forma parte del capítulo histórico político social de Guatemala.

La fortuna de incursionar tardíamente en uno de los períodos más funestos de la crónica guatemalteca, nos permite a muchos jóvenes hoy, observar, analizar y razonar, llegando a conclusiones ecuánimes fundamentados en recursos y antecedentes serios, y no valiéndonos solamente de la versión interesada de una u otra clase antagónica. Por un lado.

En otra perspectiva, ante quienes intervinieron o sufrieron directa o indirectamente las secuelas de estas políticas bélicas, los sujetos de la guerra, los jóvenes tenemos cierta desventaja, poca calificación o nula legitimidad cuando abordamos el tema. Algunos infieren que porque no fuimos individuos conscientes y vivenciales tales aspectos nos descartan de emitir juicios en torno a la situación. En una primera generalización puede que este tipo de argumento tenga cierta validez, ya que nuestra suma de evidencias proviene de elementos documentales y, en casos particulares e intrigantes, testimonios inmediatos y a víctimas del conflicto. No obstante, tal premisa anularía inmediatamente la opinión sobre varios eventos históricos que los expertos, sin haberlo percibido, dilucidan.

Retomando el punto y el porqué de tan hollywoodense título del artículo, hallamos que una buena parte de la sociedad guatemalteca, aún hoy, vive enérgicamente polarizada, sosteniendo ideologías extremistas, derechas e izquierdas. Se escupen maldiciones virtuales y viven alimentando aversiones proporcionales a su falta de cordura. Viven viendo contrarios hasta en la sopa, en el agua y las nubes, que si tuvieran la oportunidad perfecta para tomar la espada lo harían mutilándose unos y otros.

El ejército de Guatemala es achacado principalmente no solo por ser el actor material e intelectual de la desaparición, violación, secuestros, asesinatos, desplazamientos y un sin número de salvajismos perpetuados durante el Conflicto Armado Interno, hechos por los que se les imputa el tema aún debatido como lo es el genocidio, materia que de igual manera tiene fraccionada a la sociedad; sino también, porque la institución castrense ha sido copada, atreviéndome a decir, desde su fundación, por fuerzas obscuras que han instrumentalizado el ejército para servirse de él y blindar sus mezquinos negocios, actuando con absoluta impunidad, desfalcando al Estado. Si mencionáramos ejemplos, bastaría un poco hacer memoria de los últimos sucesos político-gubernamentales.

En la otra esquina de la palestra “los subversivos”, “los terroristas”, “los guerrilleros”, “los sediciosos”, “los agitadores”… De cierto es que el “bando conspirador” no puede reclamar túnicas pulcras ni almas piadosas, puesto que su parte en la pugna bélica fue por lo demás latente.

La historia y los hechos confirman que las clases antagónicas con intereses no en pro de pueblo sino de los suyos mismos, apetecen y buscan la hegemonía para imponer cada quien su incompleta agenda, en lugar de buscar, dialogar y hallar consensos que coadyuven a levantar a una nación seriamente golpeada por varios factores que la marginan.

La oposición es en tanto funcional cuando esta tiene como fin corregir, sugerir, proponer, debatir con altura, responsabilidad y compromiso; al tiempo que cada quien desde sus posiciones trabaja por conseguir una sociedad más humana, más justa, más libre, educada y de progreso en todos sus ámbitos. Si estos elementos inexisten en los grupos opuestos, más que detracción entre unos y otros… ¡Camaradas! Así jamás lograremos una sociedad que admirar, más bien, conseguiremos lo que el lado oscuro necesita para mantenerse.

Hay aspectos y situaciones del pasado de las que una sociedad que vislumbra al mañana mejor debe, no olvidar, ni negar, ni ignorar, sino utilizar de catapulta para construir la nación añorada. Las fobias o simplemente las aversiones ilógicas y absurdas hacia otros que noblemente creen y piensan diferente (porque si los hay) no debería tener cabida en la sociedad del siglo XXI, más aún en los de este lado del mundo.

Estos y otros motivos son por los que Jesús me sigue fascinando y revolucionando, porque mientras unos y otros predican repulsión, odio, indiferencia, resentimiento, venganza irracional, racismo, discriminación, intolerancia y un coctel de negativos; Jesús es la antípoda a estos ideales de podredumbre. Y aunque aquellos que titulándose en Su nombre han afrentado a los demás, la factura les será cobrada en su momento.

No estoy proponiendo religión, creo en la laicidad del Estado y la separación incuestionable de la una con la otra. Estoy diciendo que si las filosofías que sostenemos no las pasamos por el tamiz de ¿Qué de bueno está aportando mis formas de pensar y vivir para la humanidad? Indudablemente no hemos o no nos atrevemos a evaluar las cosas que hacemos o creemos para mejorar.

“El lado oscuro de la Fuerza, es la herramienta primaria de los señores Oscuros, y el enemigo surreal del Lado luminoso de la Fuerza. Donde el lado luminoso es asociado a la creación y a la vida, el lado oscuro es asociado a muerte y a la destrucción. Muy pocos que entran en el lado oscuro luego pueden salir, ya que es difícil resistir la tentación del poder rápido y fácil que éste otorga”.

Y del lado oscuro están los extremistas de las dos ideologías preponderantes.

¡Piensa, te va a gustar!

 

Anuncios

2 comentarios en “El lado oscuro de la fuerza: Militarismo, la oposición y una historia que parece no acabar.

  1. cuanto daño nos hace la división y que entre hermanos nos veamos enemigos, por mucho tiempo pequé en defender ideologías, promover algo que según yo era para construir un país en paz. y las consecuencias fueron desastrosas. Ojalá comprendamos reconocer la acción humana como punto de partida.

    Me gusta

    • Defender una posición ideológica es enteramente aceptable. Es más, todos sostenemos una. Lo funesto es que nos hallemos en esquinas extremistas que promueven desprecio de unos a otros. Sentarnos a dialogar, compartir y respetar los pensamientos de los demás para construir juntos algo mejor es en lo que nos falta avanzar. Saludos Tonito.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s