El Lolo o Corrida del Niño

Los 26 de diciembre en San Juan Comalapa se da comienzo a una icónica tradición que viene de muchos años atrás llamada La Corrida o Visita del Niño. Esta costumbre es una de las festividades que cientos de familias comalapenses esperan con entusiasmo luego del día de Navidad.

Esta tradición a criterio del sacerdote Francisco Simón, párroco de la Catedral San Juan Bautista, puede sustentarse en el episodio bíblico del evangelio de Mateo, donde a José, el esposo de María, le es avisado en sueño por un Ángel que huyeran a Egipto, puesto que Herodes pretendía buscar al niño Jesús para matarlo. Mateo 2:13-15

La Corrida del Niño comienza al rededor de las cinco de la mañana con repiques de campana que anuncian el inicio de la travesía. La imagen del niño Jesús descansa apropiadamente en un escaparate dorado de madera y vidrio, ajustado cuidadosamente en una andarilla de madera cubierta con un mantel blanco y adornada con gusanos de pino, hojas de palma, cintas de la agradable manzanilla, tiras de brichos de colores, flores de pascua, limas, naranjas y globos de colores.

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Corrida del Niño por la aldea Cojol Juyu – Foto Carlos Roquel

En el primer día de “Corrida”, la comitiva conformada por cofrades y otros organizadores, visitan en primera instancia la Casa Presbiterial de la Catedral; luego el Palacio Municipal y seguidamente a los vecinos que conforman el trayecto establecido. La Corrida o Visita del Niño sale durante seis días, abordando distintas zonas, barrios y aldeas del municipio.

La pequeña procesión que marcha a partir de las cinco de la mañana, va sumando mas gente a medida que amanece. Esta romería va encabezada por un tamborilero, hombre adulto, que va tocando a buen ritmo el tambor que anuncia la proximidad de El Niño a los siguientes devotos, acompañado de varios acólitos vestidos de blanco que cuidan que el incienso de los turíbulos plateados no se agote.

A las puertas de las casas donde El Niño es recibido, se aprecia a solemnes abuelas que mueven de un lado a otro el indispensable incensario de barro que despide columnas de humo con olor a “pom” (incienso de resina artesanal). Las abuelas como recepcionistas ceremoniales del cortejo conducen al Niño hasta el lugar donde se dará la bendición. Comúnmente es la sala del hogar en donde la escenografía principal son los pesebres o nacimientos de navidad elaborados con una inventiva sin semejanza, que hacen gala en las cálidas viviendas ambientadas con las melodías de los juegos de luces.

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Anciana recibiendo a El Niño – Foto Carlos Roquel

Los cofrades  con su particular atuendo blanco, faja multicolor  y una gruesa y larga capa de pana de color negro, junto con otros señores principales, se acomodan en los asientos importantes de la habitación, no sin antes haberse hincando y persignado ante los altares religiosos del hogar.

La familia anfitriona se acerca de inmediato a la andarilla, y haciendo una solemne y emotiva fila, saludan con una rápida “señal de la cruz” y un beso, uno por uno a la vez, al Niño, que con traje blanco y bordados dorados, reposa sonriente resguardando bajo su mano izquierda y sobre su costado la figura de un globo terráqueo.

Habiendo toda la familia hecho las reverencias se procede a agradecer a los cofrades la confianza de entrar al Niño a sus casas, entregándoles a los comisionados de la iglesia una “limosna” voluntaria que suele ser dinero, y que estos apuntan en un cuaderno de registro.

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El Niño en su andarilla en la Catedral San Juan Bautista – Foto 2015

Simultáneamente los anfitriones convidan cierto refrigerio, conocido como “Costumbre”, que han preparado para la ocasión. Según el horario, los convidantes comparten café con pan, atoles, ponche de frutas, refrescos de horchata, tostadas, panes con frijol o jalea, gaseosas, frutas, dulces, manías, rosquitas o lo que los hospedadores estimen. En algunos casos cuando la procesión  llega de visita en pleno medio día o al término de la noche, varias familias se ponen de acuerdo para recibir al “Niño” en un solo hogar y servir algún almuerzo al grupo. Se acostumbra dar frijoles con arroz y tamalitos de maíz recién cocidos, guisados, emparedados u otro plato fuerte para vigorizar a los que acompañan la marcha. Ciertas familias también despachan pequeñas copas con licor para el “Kosik” (cansancio) de los organizadores.

La Visita del Niño en las casas dura entre cinco, diez o veinte minutos según lo afanoso que sean las familias. En ciertos hogares el ambiente tiende a ser desordenado por la cantidad de gente que se aglomera y que desean alcanzar el “Costumbre”. En algunos casos se ha visto cerca de 100 a 150 personas, en su mayoría niños, que son obligados al orden y obediencia por jóvenes y adultos que llevan varas de membrillo o durazno, intimidando a los chiquillos a no aprovecharse de la situación y que todos mantengan el respeto para obtener el “Costumbre”.

Puesto que sabe que la repartición del “costumbre” llega a parar muchas veces en abuso, los anfitriones optan por lanzar desde los techos, pasillos o terrazas, canastas llenas de dulces que intentan tirar a todos lados, arrojando puño por puño las golosinas hasta vaciar las cestas; mientras los niños alborotados en la calle reclaman a voces: -¡Costumbre! ¡Costumbre!, o escucharles gritar: ¡Cachinche! ¡Cachinche!, lo cual es tirar al azar.

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Niños recibiendo el “costumbre” – Foto Carlos Roquel

Es habitual en esta tradición ver a los que acompañan al Niño con mochilas, morrales, cubetas o bolsas plásticas donde acumulan el “Costumbre”. Los más afortunados siempre fuimos los que rondábamos los 14 años en adelante, ya que teníamos más posibilidades de alcanzar lo que los más pequeños no podían. Cuando llegábamos a casa contábamos caramelo tras caramelo, o agrupábamos por clases nuestras “costumbres”.

Ya cuando había sido entregado o acabado el “costumbre”, los cofrades daban la señal de ida a la próxima casa; e inmediatamente, algunos anfitriones, acostaban a sus niños  en el camino alfombrado con pino o perrajes típicos, para que la andarilla con El Niño pasara sobre ellos y así bendecirlos.

Otros detalles de esta tradición es que las familias que recibían la Visita, acostumbraban a colocar en el lugar donde descansaría El Niño, varas maduras de membrillo, “el xiq’ay”, que se suponía, quedaban bendecidas para dar una “santa corrección” a los niños rebeldes. Otros en cambio, colocaban una tinaja llena de agua que luego de la circunstancial Visita se convertiría en agua bendita. Otros más, ponían las cosechas llamativas, como mazorcas de maíz, frijol, chilacayote, semillas, entre otros, para que estos quedaran bendecidos.

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Niños recostados para ser bendecidos por El Niño – Foto Carlos Roquel

Apunto de salir El Niño de la casa donde fue recibido, los niños y adultos del grupo se disponen a correr hasta el hogar del siguiente anfitrión, tarareando sílabas repetitivas e inigualables que reza: “Lo, lo, lo, lo, lo, lo, lo. Por este singular tarareo es que La Corrida o Visita del Niño se le conoce también como “El Lolo”.

Esta particular tradición visita aproximadamente a mil familias durante los seis días de recorrido. El primer día parte a las cinco de la mañana y retorna la comitiva a la iglesia a las trece horas. Los días posteriores marcha y vuelve en un habitual horario de cinco de la mañana a diecisiete horas; pero los dos últimos días es donde El Niño madruga desde las tres de la mañana y regresa entre ocho y nueve de la noche. Es de anotar que cada vez que El Niño entra y sale de la Catedral los repiques de campanas anuncian su trayecto.

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Niños acompañando El Lolo – Foto Carlos Roquel

Uno de los nueve cofrades de la Catedral San Juan Bautista conocido como “El Ciro”; de estatura baja, hombre canoso, de entrada edad, con los ojos dilatados y con un distintivo olor a aguardiente recién ingerido; mencionaba para este artículo varios detalles valiosos para documentar.

Don “Ciro”, como buen devoto que recibía al Niño en su hogar, indicaba que la última casa visitada durante el día, era responsable de una celebración un tanto distinta a las demás. En estas viviendas era común finalizar el día con fiesta, baile y unas cuantas copas de cusha para luego retornar “sin frío” a la iglesia. Desde luego, hacía la salvedad que esto era excepción no la regla y que otros cofrades no participaban de este último festejo.

El último día de “La Corrida” era según don Ciro, el más prologando y cansado de todos. Comenzaba a las dos o tres de la mañana y retornaba El Niño a las ocho o nueve de la noche, justo cuando comenzaría la misa de año viejo. El Niño regresaba ya no en la habitual vitrina en el que viajó los demás días, sino en una andarilla mucho más grande, cómodamente sentado en el regazo de María junto con José, y con una procesión aglomerada y musicalizada.

En esta última comitiva hacia la Catedral, participan todos los Cofrades y Texeles (abuelas representativas de la iglesia) con sus vistosos trajes ceremoniales. Hay una algarabía de fiesta para los piadosos de esta tradición, que según don Ciro, viene emulándose mucho antes que él tuviera sus primeras memorias sobre esta costumbre.

¡Hasta pronto!

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4 comentarios en “El Lolo o Corrida del Niño

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