La descolonización de la fe: Creencias impuestas o razonadas.

Se ha dado por hecho, basados en la historicidad, que el descubrimiento de América en 1492, marcó el inicio de varios hechos sobresalientes que hasta hoy se analizan y discuten mayormente en el lado americano, por ser este el escenario de las mas grandes empresas europeas.

La incursión europea, mas notablemente la participación española, influyó dramáticamente en las circunstancias sociales, económicas, políticas y religiosas del “salvaje” Nuevo Mundo. Hoy en día, se sigue señalando el descubrimiento español como uno de los motivos de “nuestras” desgracias y magras condiciones; y derivado de estas, el visible y tangible subdesarrollo, explotación, exclusiones, racismos y represiones por parte de quienes siguen anhelando el continuismo de la esclavitud mediante otras mecánicas “mas progres”.

Estoy en lo absoluto de acuerdo que la obscura realidad colonial a la que todos los pueblos americanos fueron sometidos, obedecía a intereses totalmente económicos donde la estrategia dominadora no importaba más que al cumplimiento de su fin primordial: La subyugación del nativo y la explotación de sus bienes.

Afirmado esto, el factor religioso español y su forzado adoctrinamiento a los pueblos originarios durante los siglos consecuentes al descubrimiento del continente, no puede tomarse como un elemento piadoso y una pedagogía consciente y amorosa hacia la condición espiritual del natural americano, puesto que aún los registros históricos que apuntan a una defensa y “buena intención” de parte de los más conocidos paladines de indígenas, hállese el ejemplo de fray Bartolomé de las Casas, respondían en consecuencia a los intereses directos y sórdidos de la corona española para mantener y aumentar los tributos de los criollos en América.

Pues bien, explicado este detalle, la cristianización de los pueblos americanos fue una completa táctica esclavista que pretendía mitigar los efectos y sentimientos insurgentes producto de la despiadada política expoliadora extranjera, bajo el doble moralismo de “amaos los unos a los otros” y “amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. La instrucción religiosa se caracterizó por ser un principio no opcional ni cuestionable de la diplomacia conquistadora.

Siendo el rezo y las enseñanzas cristianas una constante obligada en la vida del natural americano “para su educación y salvación”, esta no tuvo otra vía más que impregnarse en la cotidianidad del nativo, y en consecuencia, su adopción y herencia con el paso de los siglos hasta nuestros días. El marcado resultado es conocido por todos: supresión y olvido de las creencias politeístas indígenas; al tiempo también, parte de su identidad cultural: costumbres, conocimientos y prácticas.

A partir de la formación cristiana ortodoxa y conservadora en la que incursioné por unos años, podría sentenciar inmediatamente que los hechos funestos y deplorables producidos durante la época colonial, “respondían a directrices divinas (soberanía) para que hoy por hoy alcanzásemos la gracia de Dios”. Es decir ¿Tuvieron que sufrir los primeros conquistados una serie de atropellos y vejámenes en nombre Dios, como castigo por su idolatría y paganismo? ¿Debemos entonces agradecer a los conquistadores, genocidas y saqueadores, que hoy tenemos “claridad y apertura espiritual”; y en el ámbito sociopolítico y económico, un desmerecimiento de parte de los que heredaron los recursos explotados? ¿Acaso esto era el “castigo por la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación”

Un término recurrente que suelo leer y escuchar en conversaciones de activistas de derechos de pueblos indígenas es descolonizar. Se alude a esta palabra para expresar que mucho de nuestra cosmovisión actual esta inmersa de factores no propios de nuestra verdadera cultura e identidad (indígena); y por lo tanto, estas debieran ser paulatinamente reemplazadas por las autenticas. Por aquellos modos de comprensión y vida que caracterizaban a nuestros antepasados: su arte, cultura, espiritualidad y demás elementos que la conformaban.

Al no aceptar caminar bajo estas perspectivas, he alcanzado a interpretar esperando equivocarme, que entonces se es solo un traidor más, un neocolonizador que reniega y se avergüenza de sus raíces, un pseudo indígena que rechaza y se ruboriza de su pasado, un neocriollista seducido por el espectro occidental consumista-capitalista.

No está demás decir, que también me provoca un gran disgusto el hecho que como descendientes mayas, algunos repudien sus raíces, “ladinizándose” al mejor estilo posible, avergonzándose incluso de sus padres, comunidad, idioma, vestido, costumbres y demás particularidades de un indígena, para ser “aceptados” por la racista y discriminadora sociedad que va cambiando sus estereotipos absurdos fatigosamente. Aspectos que posiblemente ocuparán otra entrega.

Volviendo al tema que nos ocupa -la descolonización religiosa- se argumenta que las creencias cristianas forman parte de ese perjuicio llamado colonización, de la que hay huir, alejarse, suprimir o incluso vituperar, puesto que no pertenece originalmente a la espiritualidad indígena maya que nos corresponde.

Ahora bien, en mi cúmulo de dudas en torno a la fe y tomando el precedente explicado en los anteriores párrafos que la imposición cristiana obedecía propiamente a intereses económicos, encuentro una dificultad comprensiva respecto a la idea que Dios, según sus propósitos, haya utilizado estas circunstancias y las trágicas situaciones conocidas para llegar a nosotros hoy.

Desde luego, en los escritos bíblicos hayamos varios eventos parecidos, en las que un linaje específico, el hebreo, se hegemoniza sobre las demás culturas y credos, denominándose “nación escogida”, que llega incluso a suprimir mediante guerras sangrientas a poblaciones enteras, con un Dios coparticipando y aprobando crueles escenas. Para la mentalidad cristiana nominal existe una sola respuesta definitiva: castigo por pecado; y para el acérrimo opositor del cristianismo: una cruel imposición ideológica.

Dios, como amante de su máxima creación, el hombre, siempre ha querido sostener un relación estrecha con él. Sin embargo, el hombre al recibir cierto llamado divino: el llamar a la fe a sus iguales; se ha considerado el afortunado receptor de una misión que reconfigura a su modo, estableciendo que debe conquistar el mundo en nombre de su Dios.

En este sentido, sostengo que las fatídicas escenas registradas en la Biblia, que enarbolan a Dios como estandarte, respondían a una especie de ciego fanatismo humano que pretendía mantener la hegemonía de un colectivo sobre los demás; donde la misión esencial habría desaparecido, el llamar a la fe, a reducirse a una imposición religiosa que usaba el nombre de Dios para sus intereses materiales.

Con la entrada de Jesucristo en la escenario terrenal, se da a CONOCER Y EXPLICAR los motivos reales de la necesaria relación del hombre y Dios, las cuales se habían deformado y perdido. Pero este conocimiento y explicación no duraría más de dos siglos para volver a perderse, reconfigurarse, institucionalizarse y volver a pretender implantarse como la religión sobre la que había que regirse. Estamos sabidos que bajo la bandera del cristianismo se cometieron algunas de las más crueles cacerías humanas, las cruzadas y conquistas coloniales por ejemplo, y que estas siempre certificaron el poder económico y territorial que procuraban las élites dominantes, creyendo que la religión era un método que contribuía al control de la población.

Expuestos ya estos detalles que consideré necesarios anotar, continuamos abarcando el aspecto descolonizador que se pretender llegar a comprender por quienes califican el cristianismo como uno de los elementos forzados e impertinentes en la cultura de los pueblo originarios e innecesario en nuestros días.

Ahora bien, no ignoro ni rechazo que la defensa o profesión actual de la fe cristiana, en su mayoría, tiene como base el tradicionalismo y sincretismo que viene ejerciéndose desde su imposición. Puesto que el posmodernismo como época y filosofía en la que vivimos, valora y promueve el pluralismo y la diversidad ¿No es acaso un gesto de hermandad y de “seres evolucionados y pensantes” que cada grupo y colectivo respete a los que no piensan ni creen como ellos, sin pretender imponer e institucionalizar sus ideologías radicales contrarios a los derechos humanos universales como algo valedero para todos?

Afirmo, a estas alturas el pensamiento cristiano no es impositivo y nunca lo ha sido, de no ser por el fanatismo que lo ha caracterizado y que ha buscado intereses particulares. De ahí, que ferozmente sea señalado como la razón primaria de la explotación europea durante la edad colonial; pero reitero, que la expoliación voraz que produjo hechos condenables en nuestros territorios y a nuestros antepasados, obedecía absolutamente a motivos económicos mezquinos no a razones religiosas. Por esas circunstancias manifestar que la cristianización americana fue el motor principal de la invasión y saqueo de nuestras tierras es inverosímil, y muchas fuentes históricas lo comprueban.

El post vino a manera de objeción contra una lluvia de publicaciones que en redes sociales ridiculizaba y censuraba las creencias cristianas por motivo de las celebraciones pro hispanas del 12 de octubre; a lo cual, con total convicción me uno a declarar como “Día de la resistencia indígena”. Si bien es cierto, uno no debe perder la memoria histórica de hechos que siguen marcando nuestra realidad, pues el pasado nos permite comprender mejor el presente, prepararnos para enfrentar el futuro y nos ayuda a desarrollar un profundo sentido crítico. Que no sea el pasado una ocasión para alimentar resentimientos o una oportunidad para nutrir indignaciones que no trascienden más allá del repudio; sino al contrario, el pasado debe ser un detonante para cambiar positivamente nuestro entorno.

Me resulta necesario que al término de esta opinión externe una apología personal acerca de mi fe, pues esta no obedece a asuntos de geografía o patrimonio familiar; no nací en una religión pero voy a morir examinando una. Mis creencias no están condicionadas por mi familia, el dinero, los negocios, la educación, la condición social o el clima político; mi fe no es por conveniencia.

Mi fe no te obliga a convertirte bajo la amenaza de muerte a ti o a tu familia; mi fe no es impuesta. Mi creencias son optativas, los demás deciden creer o no sobre el fundamento de buenas y suficientes razones, independientemente de lo que puedan costar; y tampoco condena la formulación de preguntas ni de dudas porque no tiene nada que ocultar.

Cuando se argumenta que la fe que sostenemos tiene como razón de ser la imposición violenta a nuestros antepasados, se generaliza irreflexivo y se ignora, que muchos de los que abrazamos convicciones cristianas venimos construyendo nuestras creencias a partir de un duro ateísmo, de una consideración y evaluación exhaustiva de otras creencias; que venimos edificando la fe a partir de la búsqueda de la razón de ser, a partir del vacío y de la insatisfacción de hallar propósito en la vida en hábitos o prácticas que seguían dejándonos una incógnita e insaciabilidad cada vez más profundas. Sumergidos en nuestra condición sin sentido, encontramos en Cristo un motivo para seguirle. Reconocimos que nuestro caótico estado espiritual -lo cual lo dicta la misma conciencia- nos arrastraba más hondo a la incertidumbre de nuestro verdadero sentido de pertenencia, y necesitados de encontrar el auténtico significado de ser quien somos, de dónde venimos y a dónde vamos, hallamos a Jesús.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s