El dios irresponsable que pone y quita gobernates corruptos

Durante muchos años he venido escuchado una desgastada frase, en particular de gente religiosa de los ambientes cristianos, que reza: “dios pone y quita reyes”.

Se articulan estas palabras cuando se viven acontecimientos decisivos y trascendentes; por ejemplo, en la elección de algún puesto eclesiástico, y se relaciona del mismo modo cuando en un país se celebran elecciones populares.

La frase viene siendo una especie de paráfrasis de una parte del verso bíblico de Daniel 2:21 que literalmente expresa: “Él es quien cambia los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes; da sabiduría a los sabios, y conocimientos a los entendidos” (La Biblia de las Américas).

En el uso contemporáneo de esta expresión se afirma, o se pretende afirmar, que Dios es el responsable, en “su soberanía y autoridad”, de colocar en puestos itinerantes a quienes se le pegue la regalada gana. Es decir, Dios como dueño absoluto del universo decide imponer a cierto gobernante, nos guste o no a nosotros; teniendo que adaptarnos incluso a participar (como una suerte de autómatas programados) tanto en dictaduras, democracias, comunismos, fascismos, monarquías, entre otros sistemas de gobierno; cumpliendo así el deseo o caprichos del “dios soberano” en cuanto a gobierno humano en el mundo.

Este tipo de sentencia –dios pone y quita reyes- lleva a pensar que tal dios es el único responsable de todo acontecimiento que suceda sobre la tierra, sea de bonanza o desdicha humana; y en el que fácilmente podríamos eximirnos de todo compromiso, puesto que “Dios hace lo que quiere, pues es el único Dios. Nadie lo hace cambiar de planes

Ahora bien, cuando la gente expresa este tipo de argumento para rehuir a su responsabilidad ciudadana en la elección inteligente y reflexiva de sus gobernantes, y en consecuencia, de sus acciones, actitudes y decisiones; está haciendo y diciendo que no importan los procedimientos humanos creados para el nombramiento de sus autoridades, ya que al final siempre imperará la voluntad divina.

Lo anterior, a mi juicio, trae un problema de fondo: al atribuirle a Dios la carga de poner o quitar “reyes”, y de decidir activa y absolutamente en los acontecimientos terrenales, también se puede afirmar su culpabilidad en cuanto a injusticias, impunidad y corrupción en la sociedad; de las guerras y los conflictos; de las enfermedades; de los colapsos financieros y de las crisis políticas y económicas, entre otros.

Si ese dios que tiene dominio total sobre su creación es quien decide por nosotros la clase de gobernante que tendremos o merecemos… ¿No es acaso un acto de crueldad divina el que el creador de la vida observe, coparticipe y se complazca de las funestas situaciones de una nación?

Digo, en el atrevido y herético caso en que yo fuese “dios” y estuviera en mis manos “poner y quitar reyes” en una golpeada, empobrecida y corrupta sociedad como Guatemala; y viendo como semana tras semana los ciudadanos se levantan exigiendo justicia y dignidad en todo su entorno, haciendo ayuno y oración para que la situación cambie… ¿Acaso no sería compasivo y amoroso darles un gobernante y autoridades que resuelvan justamente los cúmulos de problemas de esta nación?

En todas las épocas, los seres humanos por lo general, hemos buscado a quien culpar de las consecuencias de nuestras acciones, de nuestra indiferencia e de nuestra ignorancia; y Dios no ha sido la excepción. Se observa con frecuencia que los sujetos que adoptan una religión, acomodan los acontecimientos terrenales a sus escritos sagrados para probar que la irresponsabilidad individual y social es consecuencia de la voluntad sobrenatural.

Con mucha pena, los guatemaltecos somos reacios y lentos en auto educarnos. Si bien es cierto que una parte de la población aún es analfabeta y que hace lo que puede para sobrevivir; y que por esas razones se cuente con poco tiempo y recursos para auto aprender e informarse; es también verídico que los que podemos hacerlo padecemos de una apatía a las situaciones que requieren esfuerzo e inversión, y nos es más fácil responsabilizar a otros de nuestra condición.

El hecho es que nos es más cómodo comprometer a Dios en los asuntos que demandan seriedad, razonando con descuido que es “su voluntad”, y que nuestro deber pasa únicamente por “hacer nuestra parte”, emitiendo un voto; desligando con habilidad y prisa de la responsabilidad que nos compete.

Si van y vienen funcionarios públicos embarrados de corrupción y defraudación al Estado, dirigiendo al país en toda clase de crisis y carencias… ¿es la voluntad de Dios? ¿Es voluntad de Dios que los ciudadanos experimenten diferentes formas de desprotección del Estado en las garantías básicas, mientras los “reyes” que él elige hacen de las suyas? ¿Es voluntad de Dios que el desempleo, la pobreza, las desigualdades, injusticias, violencia o desabastecimiento públicos sean palpables, porque Él en su soberanía “pone y quita gobernantes” de su parecer? ¡De ninguna manera!

El Dios de la Biblia de quien muchos se aferran para decir que Él es quien “quita y pone reyes”, ha indicado que su voluntad es: “buena, agradable y perfecta” y que nos ha declarado lo que es bueno y lo que de nosotros se espera: “Practicar la rectitud y la justicia

Practicar la justicia no es más que hacer lo correcto. Y deja de haber justicia cuando se persigue con oportunismo y descaro algún puesto público, a costa del sufrimiento y necesidad del prójimo. No existe justicia cuando se defiende y promueve a personas o asociaciones que manipulan y engañan a la sociedad. No hay justicia cuando se adula o se defiende a líderes mentirosos que irrespetan y burlan las leyes de nuestra frágil democracia. Deja de haber justicia con el silencio, con la complicidad y la indiferencia.

Resulta mucho más cómodo dejarle la carga a Dios, poniendo y quitando reyes, en vez de procurar aplicarnos la otra parte del verso que aconceja: “Él da la sabiduría a los sabios y conocimientos a los entendidos”; pero claro, como alcanzar sabiduría y conocimiento requiere diligencia, preferimos ignorar esta otra parte del texto.

A mi parecer, ese dios irresponsable que pone y quita gobernantes corruptos, es un culpable ideal de aquellos que no intentan ejercer su papel ciudadano. Resulta más fácil deducir que otro es responsable de mis acciones en vez de confrontar la realidad.

¡Piensa, te va a gustar!

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2 comentarios en “El dios irresponsable que pone y quita gobernates corruptos

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