La política en Comalapa: La ineludible preparación educativa versus las buenas intenciones sin academia

Quisiera comenzar mencionando dos últimas situaciones en las que he estado involucrado, en específico sobre el tema político electoral en nuestro distinguido San Juan Comalapa:

La primera se deriva de una carta abierta a través de redes sociales, dirigida a un candidato por la alcaldía; y similar a esta, una inmediata observación independiente, a la exposición de otro aspirante municipal en entrevista por televisión, en el programa local Camino Electoral. Cuestionados ambos acerca de su necesaria preparación académica en su intento de administrar la municipalidad.

La segunda circunstancia proviene de estos señalamientos y exigencias, pues los simpatizantes de ambos aspirantes, han contra argumentado que he atentado a la honorabilidad de sus candidatos, denigrando, humillando y desprestigiándolos públicamente, debido a la limitada escolaridad con que cuentan, la cual ellos mismos han afirmado; acusando mis posturas como actos difamatorios y de escasa investigación; amenazándome incluso, en utilizar recursos legales por estar en contra de la participación de estos personajes; dejando en claro, que ciertos seguidores y aspirantes no admiten ser cuestionados, contraviniendo la libertad de prensa y libertad de expresión.

Antes de continuar, quiero agradecer humildemente las sugerencias y puntos de vista de las personas que me han escrito en mensajes privado y público, replicando mis aportes, como faltos de profesionalismo, certeza e investigación; a lo que respondo agradecido, sintiéndome fuertemente desafiado a seguir aprendiendo y puliendo los aspectos flojos míos y de mis escritos o participaciones; que dicho sea de paso, soy un vecino más, jornalero, con percepciones imparciales, abierto a la crítica y al aprendizaje.

Frente a estos razonamientos debo reiterar una vez más que no estoy en contra de los candidatos indicados, pues como tales, son personas merecedoras de respeto, admirando incluso, su osada participación en importante evento. Por consiguiente, ya que la misma Constitución Política de Guatemala, nos ampara en los derechos de “elegir y ser electo” y el “optar a cargos públicos”, (artículo 136 inciso b y d); pero que en la calidad de candidatos a puestos públicos, están sujetos y propensos a la evaluación, crítica objetiva (e incluso a los comentarios perniciosos de terceros) y a los señalamientos o cuestionamientos que se relacionen a los comicios; como también, sujetos al análisis de los méritos que refiere el artículo 113 de la Constitución Política de Guatemala, en dónde claramente expresa que la persona capaz, idónea y honrada, califica para otorgarle el privilegio de ser electo a un empleo o cargo público.

A lo anterior, no es la intención de este post darle una interpretación rigurosa a los detalles mencionados en los artículos referidos; más bien, es invitar a confrontar con humildad y honestidad y a modo de auto análisis, las motivaciones reales que nos conducen a importantes aspiraciones; así mismo, a poner en la balanza la capacidad, idoneidad y honradez de nuestra misma personalidad y carácter en la pretensión de semejantes puestos.

Es sabido de todos ahora, casi de todos, que las decisiones en la administración pública repercuten inmediata o posteriormente en los ciudadanos. Solo por ese antecedente, los que estamos regidos bajo este tipo de administración, debiera interesarnos profundamente quiénes, cómo, por qué y qué personas son las que intentan decidir por nosotros.

Algo lamentable que sucede en Guatemala, es que estamos acostumbrados a que los políticos nos vean como masa, como número, como un dato estadístico más, y no como a verdaderos individuos con voz y voto, como a pueblo. Situación que ha fascinado a estos demagogos para aprovecharse de tal ingenuidad.

Por ese trágico hecho, a los politiqueros experimentados y emergentes les resulta incómodo que ahora los ciudadanos de a pie sean personas en constante empoderamiento. Les provoca molestia que la gente ahora se informe y esté cada día mejor preparada. Les irrita que se les cuestione su capacidad académica y lo idóneo que deben ser para servir en la cosa pública. Les provoca disgusto que ahora se les venga a exigir profesionalismo e integridad en la gestión estatal.

Puesto que el razonamiento ha sido constante y lo seguiré diciendo, las decisiones de un mal político de turno, afectan a toda la sociedad. Si no consideremos el desgastado pero oportuno tema de la Ley Monsanto derogado por presión popular; iniciativa que fue aprobada por diputados incompetentes que no sabían ni les interesaba el contenido de tal legislación, pero que puesta al descubierto, vulneraba un sin número de privilegios agrarios.

Manifestado este ejemplo, teniendo legisladores “profesionales” (abogados, administradores, ingenieros, sociólogos…) desinteresados en la lectura de una simple ley ¿Qué no pasaría si promocionáramos y avaláramos la candidatura de personajes con escasa formación académica e interés en los asuntos públicos?

Allá lejos han quedado aquellos años en los que se conducía a un puesto de poder a cierta persona honorable y trabajadora, aunque esta tuviera poca escolaridad, ya que sus virtudes le daban tal confiabilidad. No obstante, “esas épocas” parecen haberse esfumado, junto con ellas, las buenas costumbres; las cuales fueron reemplazadas por la astucia e intereses de otros, respaldándose en el lesionado proceso democrático y aprovechándose de la ingenuidad de los electores.

Pero volviendo al punto, los que responden que soy enemigo de la gente “humilde y trabajadora” y que ataco a los de condición escolar escasa, hasta cierto modo no se han percatado que esta generación requiere, no solo de personas estudiosas en la administración pública, sino de gente íntegra que modele valores y hábitos positivos. Tomemos de muestra las manifestaciones iniciadas desde el 25 de abril hasta la fecha, las cuales no han cesado, haciéndose escuchar cada sábado.

(Puede leer: ¿Y yo que hacía en la manifestación del 25A? o El desafío de las 32 mil voces que gritamos contra los antivalores del Gobierno)

En un mundo competitivo, en donde aún con títulos universitarios nos resulta complejo encontrar espacios laborales, resulta indispensable e indiscutible que los aspirantes a puestos de elección popular, cuenten con un mínimo de preparación en su afán de dirigir las instituciones del Estado. El doctor Eduardo Suger recomendaba en cierta oportunidad, que el ciudadano común, debe, desde niño, tener una decente formación ciudadana, conocer las leyes y los sistemas políticos para elegir inteligentemente a quienes nos representan.

Ahora, si el ciudadano común tiene como obligación educarse para ejercer plenamente su ciudadanía ¿cómo no se va a exigir mayor conocimiento, academia y dominio de temas públicos a los que aspiran a la administración estatal?

La queja de la gente con poca escolaridad pero con buena intenciones y que pretenden ocupar puestos públicos, es que las personas “profesionales”, han decepcionado a la población corrompiendo la administración pública. Sin embargo, en una opinión muy personal, sostengo, que un grado académico no hace a nadie más importante que otro ni tampoco los diplomas en una pared garantizan transparencia y excelencia en la administración, como tampoco una persona con escaso conocimiento en gestión pública y escolaridad, acompañado de buenas intenciones, es garantía de una buena dirección.

Tanto tienen que ver la preparación, las buenas intenciones y por supuesto las virtudes personales y colectivas. Las personas con virtudes, aquellos que en verdad sostienen ideales en beneficio del bien común, anteponen el bienestar social sobre el personal. Hay gente que a todas luces persigue un puesto público para alimentar su ego, sus aires de hombre o mujer importante, sus repetidos intentos de ser aplaudidos desde la tarima, su afán de encontrar una salida rápida a sus desajustes económicos o simplemente su interés de acumular o aumentar sus bienes.

No descarto ni ignoro que también hay personas honorables que en verdad persiguen el bienestar público, pero en esta búsqueda, voy a insistir en la conveniente formación académica de los que pretenden un cargo público; y no solo eso, sino además, la indispensable honorabilidad, basado en los antecedentes e integridad pública de estos.

Esto es uno de los factores escasos -la honorabilidad- por lo cual la gente se desencanta de la política y termina creyendo que esta es sucia, tramposa o aberrante. No, lo que es así realmente, o mejor dicho, quienes son así, somos las personas, no la disciplina.

La mala administración pública no solo involucra la falta de honradez sino indiscutiblemente la carencia de conocimientos, capacitación y formación.

Un proyecto político puede tener el mejor plan de gobierno, las bien estructuradas propuestas, contar con expertos en diferentes materias, tener las mejores herramientas y recursos, pero si no poseen ni actúan bajo un liderazgo íntegro, fracasarán y no administrarán adecuadamente los recursos públicos. ¿Es necesario mencionar ejemplos?

También, una propuesta política que puede no tener ni el mejor plan ni los mejores profesionales ni las mejores herramientas y recursos ni mucho menos un liderazgo modelo, será también una decepción.

Por esas razones, las buenas intenciones políticas pueden ser solo eso: buenas intenciones políticas. ¿Quién no tiene buenas intenciones? Yo deseo como muchos más, excelentes condiciones en los servicios básicos, en la infraestructura, en la educación, en la salud, en el medio ambiente, y en los demás temas que conciernen a la gestión pública. Pero el desarrollo de estas no se logra únicamente con buenas intenciones; más bien, sea hace indispensable la preparación educativa.

No es la intención de mis juicios, impedir o atacar a algún proyecto político, sino a sugerir y a reclamar una adecuada formación de quienes se postulen para representarme (representarnos). Como ya he mencionado otras veces, si a los ciudadanos de a pie se nos exige concretamente por lo menos una especialidad para aspirar a cualquier labor… ¿por qué no deberíamos requerir a un futuro gobernante municipal tener un mínimo de preparación, si a fin de cuentas el pueblo es el patrón?

Ahora, si el pueblo que es el poder, el patrón y el jefe, no le interesa que administren bien su casa ¿Qué resultados puede esperar más que mediocridad? “Cada pueblo tiene al gobernante que se le parece” afirmó André Malraux.

¡Piensa, te va a gustar!

PD. La ilustración y título del artículo no deben ser interpretadas como una subestimación al hombre de campo ni como una comparación de la labor campesina con la carencia de estudios y preparación, puesto que hay campesinos con mayor capacidad escolar y administrativa, que muchos “profesionales” de saco y corbata que presumen sus logros personales.

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