El desafío de las 32 mil voces que gritamos contra los antivalores del Gobierno

Era imposible no erizarse mientras las 32 mil almas entonábamos las letras del Himno Nacional de Guatemala. Una mezcla de sentimientos provocaban un nudo en mi garganta y entre la indignación, coraje y melancolía, cantaba con notable desafino pero con inquebrantable pasión y como nunca antes las letras: “Nunca esquivan la ruda pelea si defienden su tierra y su hogar”.

Slow motion particular

En un ambiente enérgico como el de esa tarde, enmudecí a modo ficción a toda la muchedumbre de mi alrededor y contemplé en un giro en cámara lenta a una intensa masa, jóvenes en su mayoría que articulaban consignas de rechazo, repudio, enfado, inconformidad, tristeza y demás emociones que denotaban un levantamiento contra las principales autoridades de gobierno por los escándalos ya conocidos.

Mientras el “mute” imaginario aún lo tenía presionado, observé cantidad de gesticulaciones, pancartas, objetos ruidosos y gente de todas las edades y estratos sociales, oponerse a los antivalores que se imputa a los gobernantes señalados en casos de corrupción e impunidad.

En tanto que todo a mi alrededor corría en silencio y en cámara lenta, llegó a mi mente una pregunta directa, personal y enfática que sigue resonando en mí cabeza hasta hoy: ¿Y vos cómo y qué vas a aportar a tu país? Esta cuestión aún me tiene en introspectiva.

Desafíos de los antisistemas.

Habiendo hurgado fotografías, opiniones, reportajes, vídeos y todo aquello relacionado a la Manifestación #RenunciaYa del pasado 25 de Abril, caí en cuenta que el descontento popular no fue exclusivo de los que participamos en tal evento público; más bien, existe una desavenencia general reclamando respuestas y acciones que garanticen la justicia, exceptuando a aquellos que simpatizan con los señalados ya sea por ingenuidad, intereses y complicidad o semejanza en estructuras inmorales.

No obstante, un desacuerdo popular común supone rasgos y matices ejemplares que resistan, neutralicen o contrapesen aquello que se está atacando y/o acusando.

Por ello, estoy en lo absoluto convencido que una cúpula viciada solamente refleja el estado de una jerarquía; pues deja entrever que existe tolerancia y participación activa de personas u organizaciones que actúan en detrimento con los de abajo.

Como mencionaba, el hecho que una sociedad se levante en contra de un sistema adulterado, significa que estos sostienen y actúan en base a un código de valores antagónico a lo que denuncian. Ese el reto de los que nos creemos rebeldes. Ese el desafío de los que decimos ser antisistema y revolucionarios.

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Ser polos opuestos sin atraerse

Si denunciamos que los gobernantes son corruptos seguramente nosotros no lo somos en lo más mínimo. Seguramente pagamos sin disfraces los impuestos que nos corresponden. Seguramente nuestros trabajos y posiciones no han dependido de sobornos ni adulaciones ni bajezas morales.

Si acusamos a los políticos de embusteros con garantía nosotros no lo somos. No inventamos excusas por faltar a trabajar o estudiar. No faltamos a la fidelidad con nuestra pareja. Nos movemos en transparencia y honestidad en nuestros negocios. No ingeniamos pretextos para salir de problemas ni mucho menos para evadir nuestras responsabilidades. El engaño, la falsificación, la calumnia o el fingimiento no cabe en nuestras normas de ética y moral. Somos arquetipos de veracidad.

Si señalamos a los gobernantes  como defraudadores, hipócritas, sinvergüenzas, traidores, manipuladores, interesados, irrespetuosos, soberbios, déspotas, cleptómanos, nepotistas, clientelistas, injustos y toda característica negativa que queramos incriminarles, apuntamos con certeza que nosotros no entramos en esas tallas. Somos el modelo vivo de la integridad.

Alegamos la falta de cobertura de los canales “nacionales” frente a multitudinaria concentración, pero solemos ser apáticos e indiferentes ante los abusos y represiones que se infringen a nuestros hermanos de la provincia, al defender estos su vida y recursos, principalmente en temas de explotación por empresas transnacionales favorecidas por gobernantes avaros e incompetentes.

Quizá alguien pueda objetar:

—¡Ah! Pero yo no robo como ellos. Yo miento de vez en cuando. Yo no exagero. ¿Y para qué cumplir con mis obligaciones ciudadanas si hay otros peor que yo y no les hacen nada?

Últimas líneas

El titánico desafío no solo de los 32 mil asistentes del plantón pacífico del 25A sino de todos aquellos inconformes con la vil e indignante estructura Estatal y sus efectos en la sociedad, es la de ser, vivir y servir opuesto a los antivalores que han llevado a la decadencia a las instituciones del gobierno por gente que persiguiendo sus ambiciones personales han escarnecido y ofendido a miles de guatemaltecos trabajadores y honestos.

No defiendo ni mucho menos simpatizo con oficialistas ni con otros grupos semejantes para que me consideren lambiscón. Solamente considero que la erradicación de la corrupción e impunidad comienza primero conmigo y luego con vos, aplicando valores éticos y morales universales a nuestro estilo de vida para reconstruir una mejor sociedad  en cada metro cuadrado en el que estemos; y como dijo Mahatma Ghandi: “Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo”.

Así y solo así levantaremos consecuentes rostros, puños y voces frente a los que acusamos.

“La corrupción lleva infinitos disfraces.” Frank Herbert

¡Piensa, te va a gustar!

*Fotografía: cortesía @walter_wi

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