Solo votaré a quien me deje votar cada día

¿Para qué votar en una democracia representativa pura, dura y erosionada, conducida por clientelistas, cleptócratos, nepotistas, ignorantes, falaces e ineptos?

Últimamente parece ser que se acepte como solución a nuestros males: poder votar a nuevos partidos o a nuevas caras de viejos partidos.

Si votamos solo a nuevas caras de viejos partidos, ya sabemos que nos arriesgamos a las mismas políticas; eso sí, maquilladas para que suenen a “cambio”.

Si votamos a nuevos partidos podemos esperar con bastantes probabilidades, nuevas desilusiones y no porque no planteen alternativas razonables; sino porque votar por despecho y contra lo conocido sin implicarse en lo que significan las nuevas ideas, sin pronunciarse, y esperando que los nuevos líderes nos saquen del atolladero; esto no va a ninguna parte.

No sé por qué ninguna opción política plantea abiertamente una democracia participativa al estilo de Suiza como punto fundamental de su programa.

Ya sé que muchos dirán que no es la perfección, pero el modelo suizo adaptado a la carta de Derechos Humanos, significaría poder participar desde el pueblo cada día en política.

Yo no quiero delegar más mi voto en políticos descerebrados que durante cuatro años me olvidan y se rinden a las presiones y favores de las multinacionales. Para esto me quedo con mi activismo de cada día, intentando desde abajo ayudar a resolver injusticias y desgracias provocadas por la sin razón política.

¿Es acaso  demasiado  peligroso para las élites de derechas e izquierdas, que el ciudadano pueda plantear continuamente la decisión colectiva sobre temas que nos preocupan?

A Suiza se le rechazó su ingreso a la Unión Europea por negarse a suprimir de su Constitución el derecho del ciudadano a plantear consultas vinculantes.

Incluso podemos aceptar el ritual parlamentario de falsa democracia de la Unión Europea que se pone a aplaudir en exceso el discurso de un Papa bienintencionado, pero presionado dentro de su Iglesia por la misma podredumbre que nos gobierna a todos los niveles.

Para mí, la posibilidad más viable de salir de este momento histórico de derrumbe de un sistema caduco y tener la posibilidad de crear uno de nuevo con la participación de todo el mundo, pasa por la participación continua del ciudadano mediante una democracia directa, que permita corregir los excesos o falta de ética que han venido practicándose desde el origen de las democracias parlamentarias.


Artículo publicado originalmente por Josep Pámies, con ligeras correcciones ortográficas y adiciones distinguidas en cursiva. Lea el artículo original aquí

También le puede interesar: Cuatro argumentos contra la democracia directa 

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