¿Se debería leer o enseñar la Biblia en las escuelas?

A raíz de una propuesta de ley presentada el día 30 de Enero por el congresista Márvin Osorio que obligaría a la escuelas públicas y privadas a leer la Biblia desde el nivel pre-primario hasta diversificado, la cual está causando revuelo y controversia en la sociedad guatemalteca, principalmente en las redes sociales; decidí escribir mis puntos suspensivos al respecto.

Debido a nuestra ideología preconcebida y generalizada, es de suponer que la mayoría de adeptos a la fe judeo-cristiana, aplaudirán y compartirán la proposición. La gente que avala tal idea, argumenta que no existe mejor código moral que la Bliblia, y por lo tanto, este planteamiento vendría a redireccionar para bien la caótica situación moral de un país como Guatemala.

¿Un Estado confesional?

Si bien es cierto que la Biblia es un conjunto de verdades fundamentales para la formación integral del ser humano y que la indiferencia a sus normas a causado la desvirtuación y decadencia ética y moral de la humanidad; exigir su lectura o enseñanza en las instituciones educativas públicas y privadas, viene a constituir una violación a los derechos de libertad de culto, expresada en el artículo 36 de la Constitución Política de la República de Guatemala, el cuál indica:

“…el ejercicio de todas las religiones es libre en el país, y que toda persona tiene derecho a practicar su religión o creencia, tanto en público como en privado, por medio de la enseñanza, el culto y la observancia, sin más límites que el orden público y el respeto debido a la dignidad de la jerarquía y a los fieles de otros credos”

Por supuesto ¿Qué religión no quisiera que su ideología sea escuchada por todos; y más aún, si esta estuviera respaldada por las leyes de un país para su obligada promulgación en los centros de enseñanza? Sin embargo, amparar este proyecto de ley infiriendo que es lo que hace falta para cambiar Guatemala suena inverosímil. Una utopía.

Ya que somos testigos de que en nuestras instituciones educativas se enseña la religión atea disfrazada de ciencia, instruyendo a nuestros chicos —y a nosotros— sobre evolución, la nueva tolerancia y a la valorización y respaldo de conceptos y actitudes que socavan nuestra identidad como seres humanos; pretender imponer la filosofía cristiana compitiendo contra la ya establecida pedagogía, provocaría, como un resultado de tantas, que los demás credos exijan igualdad de derechos.

Veríamos desfilar propuestas de lectura/enseñanza obligatoria del Popol Vuh, el Corán, la Torá, la Biblia Satánica, por mencionar algunos. Los centros de enseñanza se convertirían en auténticos circos religiosos en donde cada grupo lucharía por la supremacía de su doctrina; lo cual supondría el desprestigio de todas estas y haría que nuestros chicos descarten toda posibilidad de fe; pues ninguno, por toda la gama de contradicciones merecería una notable atención.

La religión impuesta o la contemplación de una, nunca ha sido ni será la solución para lo desastroso de las sociedades. El Estado y las instituciones que rige deben ser laicas. Un Estado confesional produce gente fundamentalista, intolerantes, odiadores de otras cosmovisiones y del prójimo.

Padres solo de título

Soy un padre cristiano evangélico que está en contra que en las escuelas públicas o privadas se enseñe la Biblia. ¿Por qué? ¿Dónde queda entonces la tarea formativa de los padres a sus hijos? ¿Se lo dejamos al gobierno para luego sublevarnos contra este porque nuestros hijos no son ni se comportan como deben ser? ¿O apoyamos tal iniciativa para seguir descuidando a nuestros hijos para así tener más tiempo idiotizados en Twitter y Facebook ignorando aún más nuestro deber instructivo?

Si incluso la iglesia que se ha ocupado de la educación religiosa de nuestros hijos ha tenido pobres resultados en el “impacto” que persigue… ¿Qué no tendríamos si esta se deja en manos del Estado? (Bueno, o tal vez lo haga mejor)

Dejar que la administración pública se encargue de dar cátedra biblio-cristiana a nuestros hijos en sus escuelas, no solo es una irresponsabilidad paterna, sino además, es desaprovechar, ignorar y despreciar el magisterio que nos corresponde. La educación espiritual es competencia de los padres no del Estado.

Suficientes charlatanes con corbata y Biblia tenemos en nuestras iglesias, como para dejar que otros más les inyecten fumadas de saber que tipo (excepciones a la regla).

Por lo tanto ¡No gracias! No metan la Biblia en las escuelas. Para eso estamos los padres para modelar fe, valores, moralidad y principios; propósitos buenos y eternos que contrarresten la decadente sociedad. ¿Y si los padres no modelan buenos fundamentos de vida a sus hijos? ¿Y qué pasa con los niños sin padres? Pues para eso también estamos los padres cristianos para dar y hacer nuestro mejor intento. ¿O acaso el amor y sacrificio es únicamente para los nuestros y no para los semejantes?

¿Cimientos débiles?

Pero tal vez, solo tal vez, este proyecto de ley debería avalarlo la sociedad guatemalteca solo cuando los cimientos de verdad, integridad, justicia, equidad, el respeto a la vida, el amor al prójimo, la honestidad, la transparencia, la fidelidad conyugal, el respeto a los padres y la vida consecuente con el credo, entre más virtudes, sean menoscabadas; pero eso no pasará porque Guatemala cuenta con un aproximado 95% de cristianos; padres y jóvenes piadosos que no se conforman con la liturgia dominical ni con su didáctica semanal, sino que se preocupan por la espiritualidad de sí mismos, de sus hijos, hermanos, familia y de otros semejantes; inculcándoles de continuo los principios divinos que modelan con solvencia.

Entonces si acaso, solo si acaso, cuando la población cristiana esté dejando de permear la sociedad con los valores eternos, pues no queda de otra que a las piedras les corresponda hablar.

Que se instituyan valores aleccionadas por personas que la vivan en su vida misma y que dignifiquen a todos, no que desvaloricen. Que se oriente adecuadamente a los chicos en asuntos que tengan que ver con su desarrollo integral, pero no a exigir e implantar religión; para eso están las instituciones especializadas.

Una buena sociedad no se consigue obligando a los ciudadanos a observar cierto sistema de fe que minimiza a otras y se sobrepone sobre todas. La fe no deber ser impuesta como cierta religión oriental. La fe es optativa, uno decide creer o no sobre el fundamento de buenas y suficientes razones, independientemente de lo que puedan costar.

La buena educación, la integridad, el buen porvenir de los ciudadanos, la justicia de una nación y la fe que trasciende, comienza desde la relación y didáctica que los padres compartan con sus hijos.

Creo que aún no nos ha calado estas palabras: “… y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en TU CASA, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”. ¿Leímos bien? ni a la iglesia como organización religiosa le compete la educación espiritual de nuestros chicos, sino que concierne principal y primeramente a los padres.

Ni Jesús era dictador ni el evangelio dictadura. La atención a los principios del evangelio debe ser una respuesta de amor, gratitud y reconocimiento, no una exigencia.

Y ya, ahora estoy listo para ser apedreado.

¡Piensa, te va a gustar!

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2 comentarios en “¿Se debería leer o enseñar la Biblia en las escuelas?

  1. Me inicio con la siguiente pregunta: ¿La Biblia se hizo para ser leída en privado, o para ser oída en público? Para leer en la intimidad no debió publicarse, ya que en la época que salió a la luz, unos pocos sabían leer; además de esto, se sabe, también por una minoría, que la lectura obliga a la reflexión y al examen; mientras que lo que se oye, aunque se ponga mucha atención, escapa a esas dos consideraciones. Hay que tener en cuenta que el estilo, en el que está redactada, no es sino enigmático. Las parábolas, que son su fuerte, no las puede comprender el común de las gentes, pero inciden en el subconsciente de manera directa, al pasar a los oídos y obnubilar la conciencia al oír amenazas de grandes y terribles castigos, anatemas y frases incomprensibles, donde la lógica y la razón están ausentes. De modo, que el fin que se buscaron autores y patrocinadores no era otro que el de justificar el poder en nombre del Dios hebreo y de prevenir revueltas populares mediante el terror psicológico, al amparo de la superstición que crea la ignorancia. Las religiones nunca quisieron que los iletrados del pueblo tuvieran cultura, y de obligarse a darla, siempre en mínimos. De aquí que la Biblia sea un instrumento en manos de los que niegan el derecho positivo para una cultura superior a los que carecen de hacienda y de saber.

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