De temblores, temores, los Croods y la aferrada omisión evangélica en la política

Tuvieron que haber visto la película “Los Croods”. Una prehistórica familia de seis integrantes, liderada por un padre obstinado al cambio, bienintencionado y sobreprotector, Grug Croods; que se la pasa diciendo a los suyos que no debían dejar de tener miedo a lo nuevo porque era malo; y que se siente amenazado en su papel de jefe, por la llegada de un joven genio prehistórico que expone ideas revolucionarias.

Guy, un debilucho cavernícola nómada, cotrario a la robusta e inflexible familia Croods, prefiere usar la cabeza y ejecutar sus creativas ideas, antes que apegarse a la fuerza y al miedo. Los conceptos innovadores del ingenioso y solitario muchacho, salvan de varios infortunios, incluso de una muerte segura a la temerosa familia cavernícola. Repulsivos a lo nuevo y cobardes a la oscuridad, los Croods se pasan días y noches encerrados en su cueva.

Ugga Croods, esposa de Grug; es más abierta que Grug. Eep Croods, es la hija mayor de Grug y Ugga; una joven enérgica llena de curiosidad y deseos de aventura que se enamora de Guy. Thunk Croods, el segundo hijo de nueve años; no es inteligente y tiene mala coordinación, pero tiene un buen corazón. Sandy Croods, es la tercera y feroz hija bebé que aún no habla, pero se la pasa mordiendo y gruñendo. Por último, Gran Croods, la longeva y salvaje suegra de Grug.

Los Croods, sobreviven en un mundo brutal y hostil gracias a las reglas y fuerzas de Grug, el padre. Pero por pasar tanto tiempo en la cueva, no se percataban, que el mundo y su entorno estaba cambiando bruscamente; y no estaban preparados para enfrentarlo.

El pollito preguntón que no preguntaba

Ahora, lejos de la intención Hollywoodense de este cómico e intrigante film animado; establecí particularmente una serie de semejanzas, en base a ciertas actitudes y creencias que adoptan muchos evangélicos, proveniente de las enseñanzas de quienes los lideran acerca de su visión sobre la política. Aclaro desde aquí que no es mi intención generalizar abusivamente sobre la comunidad evangélica guatemalteca; sino solamente, hacer hincapié desde el mundillo al que he estado relacionado.

Mientras estudié teología, recuerdo que en cierta oportunidad se nos instruyó categóricamente que los miembros de las congregaciones involucrados en política, debían ser suspendidos inmediatamente de sus privilegios (servicios eclesiásticos), si es que estaban implicados en alguno; y si contrariaban esta disposición, debían ser disciplinados por no acatar el reglamento de la institución, pues ninguno puede servir a dos señores“.

En esos momentos cuestionaba internamente toda esta enseñanza, pues hasta cierto modo tenía un miedo de expresar mis desacuerdos; ya que los eufóricos y experimentados pentecostales asentían con amenes a tal pedagogía. Creía que mi edad, mi falta de pericia, timidez y poco dominio léxico, no me daban licencia para levantar la mano y cuestionar esta contradictoria didáctica, como tampoco quería ser visto como el “pollito preguntón” o quedar como el idiota de la clase al estar en oposición con los demás. No se trataba de la filosofía de un solo profesor sino de toda una institución de la que contados alumnos solían disidir.

La contradictoria misionología

Recuerdo relativamente poco acerca de los cátedras misioneras, pero lo que enfatizaban según mi torpe memoria, era que para hacer misiones foráneas o domésticas, la formación de los individuos implicaba: conocer y saber el idioma, la cultura, la adaptación, la identificación, el afianzamiento de recursos, el establecimiento de un objetivo basado en la necesidad del lugar, la adopción de una etnia, la transculturación, y demás; en fin, una descomunal estrategia que conlleva un amplio entrenamiento y que dicho en mi vulgar terminología, es algo así como una “santa hipocretización” profesional que se hace para “ganar almas para Cristo”.

Acá veo lo contradictorio de esta doctrina misional: ¿Por qué la iglesia se esfuerza e invierte tanto para enviar misioneros a transculturar las aldeas de nuestro país y a otros lugares del mundo y no hace lo mismo, por ejemplo, a las culturas urbanas y comunidades profesionales como el cine, el arte, la música, la educación, o el tema sobre la mesa: la política?

Vestimos y preparamos a los fieles que están dispuestos a dar su vida por Cristo, en los campos hindúes, budistas, musulmanes, entre otros; pero nos parece descerebrado hacerlo en los campos con los que tenemos relación e involucramiento inmediato, porque suponemos que es una perdida de tiempo y recursos; o porque creemos que ya todos a nuestro alrededor han escuchado del Señor y que por lo tanto “no tienen excusa“; o porque nuestra parcial lectura e interpretación de “id por todo el mundo y predicad el evangelio” se refleja en viajar a otras naciones; o porque las extrañas subculturas juveniles o el gobierno y la política, son a fin de cuentas el patio de recreo del diablo y son tan corruptos, sucios e inmundos que no sirve de nada que los cristianos incursionemos en ellos.

Nos hemos inclinado a deducir que la famosa sentencia paulina de “un poco de levadura leuda toda la masa” se refiere exclusivamente al efecto que los incrédulos tienen sobre los cristianos, y no viceversa. Pienso que en ocasiones se cataloga al mundo con una óptica pesimista, leyendo una Biblia de la que se dice tiene palabras de vida y esperanza.

Ahora bien, cuando digo que la iglesia evangélica a omitido aferradamente su injerencia en la política, estoy refiriendo a que su sistema doctrinal niega y hasta amenaza a sus miembros a participar en la cosa pública. Porque nuestro reino no es de este mundo“, argumentan. Es que no se trata de “establecer o imponer el reino” como algunos equivocadamente le han llamado, sino de inmiscuirse en los asuntos públicos con integridad; de tal manera que esa incursión constituya una representativad fuerte, oponente y decisiva, al momento que se legislen regulaciones que afectan los principios y valores bíblicos que repercuten considerablemente en la sociedad.

Cierto es que la iglesia está llamada a edificar a sus miembros y que su mensaje debe apuntar a la santidad, a la salvación y a vivir para Dios; no deja de sorprender que su papel autoimpuesto de regular o prohibir la participación ciudadana, limitando o anulando los derechos y obligaciones civiles de los individuos, se acerque a la ilegalidad e ignorancia. Y ojo con este punto. No obstante, se podría decir que al momento en que un sujeto voluntariamente se incorpora a una organización religiosa, este acepta sus términos, regulaciones, constitución y doctrina, pero estas no deben contradecir ni restringir las libertades, derechos y deberes que manifiesta un código mayor -Constitución Política-; a menos que los ordenamientos expresados en esta última menoscaben los valores inmutables que Dios ha transmitido para nuestro bien. Ahí es admisible que digamos “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres“; insubordinándonos incluso, a ley terrenal para cumplir la divina, aunque esto suponga renunciar a nuestra vida por Jesús.

Vetar la participación del cristiano en la política hasta el punto de amenazarle: “quitarle sus privilegios” o “disciplinarle”, porque este campo es corrupto, sucio, tramposo e insolente; es como prohibir de igual forma, que los miembros de nuestras iglesias no apliquen ni aspiren ni trabajen como policías nacionales ya que este peligroso trabajo padece de las mismas deficiencias; añadiendo a este, que muchos de ellos participan en el sicariato, extorsiones, asaltos y secuestros.

Comparativa

¿Qué ha pasado en otros países con la gran ola de moralidad cambiante? Espiritualmente, desde una mirada personal, son naciones que aunque aparentemente están a la vanguardia de la tecnología y el progreso, anulan y viven en regresión de principios y valores que fueron en algún momento piedra angular de su fundación. Países en los que las comunidades cristianas son minoría o incluso con buena presencia estadística, están obligadas a aplicar ciertos estatutos absurdos, impositivos e intolerantes de su jurisdicción. Leyes que van en contra de sus creencias y de la que existe una contraposición razonable y pacífica, pero que no cobran fuerza alguna ni tienen voz ni voto por carecer de delegación en los senados, aún con la falsa promulgación de la libertad de expresión y culto en sus reglamentos; y esto, no está lejos de suceder en Guatemala, sino es que ya vemos algunas luces.

Desde luego, no ignoro ni deslegitimizo la vitalidad de las profecías sobre los últimos tiempos, cuando menciona el auge de la maldad, la persecución cristiana, los contravalores y la futilidad de la fe. No obstante, a partir de la responsabilidad cristiana de ser sal y luz a los que viven en oscuridad, se nos confirió el deber de vivir, presentar y defender “la razón de la esperanza que hay en nosotros… con mansedumbre y reverencia”; y esto no cobra trascendencia ni se logra, saliendo a las calles con pancartas que digan “No al aborto” “No a la unión gay” “No a esto” “No a lo otro”; ni se hace mucho orando y gritando con megáfonos frente las casas de gobierno con Biblia en mano. Mas bien, si queremos ser actores de cambio, el cambio se logra desde adentro y muy poco desde afuera, desde donde las leyes se proponen, se discuten y se aprueban.

Casi todos los grupos organizados tienen representación política o pretenden incorporarse en el próximo gobierno, menos la iglesia cristiana evangélica. Los empresarios, los activistas pro-ambiente, sindicatos de salud y educación, los defensores de los derechos LGBT, los valedores de los derechos de los pueblos indígenas e incluso los narcotraficantes. Todos estos van instruyéndose, preparándose, persiguiendo objetivos para satisfacer intereses personales o colectivos. ¿Y la iglesia? ¿Cómoda y muda esperando el arrebatamiento para salir de este cochino mundo y caminar en las “calles de oro y contemplar el mar de cristal”?

¿Por qué nos quejamos como niños chillones de las injusticias de los gobernantes, si la iglesia que es un “semillero” de gente íntegra, honesta, transparente, responsable, comprometida, que predica la justicia y la verdad, que vierte su amor en el prójimo -teóricamente- le huye a meter las manos en los asuntos públicos; y que dicho sea de paso, contamos con ejemplos bíblicos de hombres y mujeres que afectaron firme y grandemente a naciones paganas con sus virtudes y temor de Dios?

Confrontación y propuesta

El escritor italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su obra “El gatopardo” declaró que “cuando los hombres “buenos” y con principios no quieren participar en la “cosa pública,” son los “malos” y los “oportunistas” quienes se apoderan del gobierno de las comunidades con atroces resultados para todos. Y son los “buenos con sus principios inmaculados” quienes al final son los verdaderos responsables de las desgracias de sus sociedades. Estos de ninguna manera pueden ser considerados “hombres buenos” al ser remisos y no cumplir con sus obligaciones ciudadanas”.

La política no solo en Guatemala sino en todo el mundo, es corrupta, sucia, tramposa e insolente. —¿Qué vamos hacer ahí? —Replican. ¿O es que acaso le tienen tanto temor al mundo brutal y hostil, estando contentos con sobrevivir en sus cuevas tal como los Croods? ¿Dónde se limita la ordenanza de “ir por TODO el mundo y predicar el evangelio”? ¿Acaso la política no es algo que pertenezca al mundo? ¿Dónde están llamados a ejercer entonces todos los valores y principios divinos que día tras día se vuelca por la radio, TV, Internet, salones de reunión, etc.? ¿Sólo en sus familias? ¿Sólo en sus matrimonios? ¿Sólo en su reducida burbuja religiosa? ¿Por casualidad el cielo es un certamen de santidad para ver quien fue el más intachable que no ensució las manos en lo “puerco” del sistema?

Pienso con frecuencia que se espiritualiza considerablemente ciertos textos bíblicos favoritos, ajustándolo solamente a las cuatro paredes de la iglesia. Cuando Jesús habla acerca de la parábola de los talentos en Mateo 25, menciona que a cada uno se le dio “de acuerdo a su capacidad” y que cada uno de los actores fue responsable en su inversión. ¿Acaso ignoran que las ovejas que les fue dado bajo su resguardo, son un tipo de talento de los que hay conducir y alentar, para que empleen todos sus dones para Dios?

Particularmente, se vincula de inmediato los talentos a los dones y ministerios que se ejerce en las congregaciones, pero raras veces se lleva más allá. Definen que los talentos son virtudes que hay que vaciar en los escenarios de los templos y que lejos de ahí no honran de ninguna manera al Señor. Se han vuelto especialistas en preparar gente para mantener el sistema eclesiástico, protestando que es improductivo y cosa del diablo el que la gente se involucre en asuntos que no tengan que ver con la iglesia.

Hacen sentir inútil al abogado o al político que asiste a las reuniones, ya que no invierten tiempo “en los negocios del rey” -en la congregación por definición- porque están ocupados en sus quehaceres profesionales; pero no los animan a “negociar” esos talentos en su vida cotidiana para honrar a Dios, en su bufete, en la impartición de la justicia, en luchar por leyes de beneficio nacional; porque piensan que afuera es un desperdicio de energías. Tal es el criterio que he captado de muchos a quienes he escuchado. Entonces, a los sujetos intelectuales y expertos se les encaja en que solo en la iglesia se puede servir al Señor y terminan creyendo que dando una buena ofrenda, cumplen su función como hijos de Dios y miembros del Cuerpo, “porque así están colaborando en la expansión del reino y a la evangelización del mundo”.

No estoy proponiendo que los pastores ahora se involucren de lleno a la política -aunque no es una mala idea, hay casos paradigmáticos como Martin Luther King o Tommy Douglas; prominentes hombres de fe que trascendieron y lograron cosas significativas a nivel mundial- ni tampoco estoy diciendo que las organizaciones evangélicas debieran conformar un partido político -aunque no suena descabellado-; solamente estoy formulando, que se promueva la participación y se apoye a los miembros con aspiraciones políticas, exigiéndoles resueltamente: preparación, profesionalismo, integridad, compromiso y todos los valores habidos y por haber, en particular los bíblicos; al tiempo que exista un vínculo de mentoreo y discipulado, para que estos tomen las mejores decisiones por sus representados y no ser los hazme reír de los escépticos. ¡Es posible!

Estoy proponiendo que los pastores y líderes inicien estrategias no solo para informar, más bien, en formar, a todos los miembros en materia de participación ciudadana. Si la iglesia permanece muda ante esta situación que compete a todos quienes integramos una jurisdicción, en mi caso Guatemala… ¿no se supone que donde penetra el evangelio hay luz, se opaca la obscuridad, se rompen la barreras y hábitos de violencia, temor y corrupción, y se consolida en un mejor nivel de vida el individuo y la sociedad; primero en términos espirituales y luego en materiales? ¿Dónde están entonces las miles de iglesias cristianas evangélicas que se afirman como las portadoras de luz, verdad, justicia…? ¿Dónde están? ¿Dónde está la diferencia? ¿Acaso aún fascina la seguridad de aquellas cómodas cuevas -templos-, o el miedo y la discreción a salir de ellas? Por favor, no me digan que el diablo es el responsable de las desdichadas sociedades. Razón tuvo el político Edmun Burke al afirmar que “lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”.

Últimas palabras

Puedo decir que muchos creyentes tenemos ciertos síntomas de algunos personajes de la familia Croods. Algunos somos obstinados al cambio, bienintencionados, sobreprotectores; y nos sentimos amenazados y molestos por nuevas ideas y conceptos, tal como Grug. Otros como Thunk Croods, el niño de nueve años; solemos ser poco inteligentes y contamos con mala coordinación y proyección, pero tenemos un buen corazón, lo cual no es suficiente. Los creyentes con el síndrome Sandy Croods, somos infantiles; fieros en gruñir y morder, pero no en hablar ni mucho menos proponer. Otros como la vieja y salvaje Gran Croods, pretendemos terminar con todo aquello que no se ajuste nuestra visión de mundo.

Definitivamente comparto con aquellos tipo Eep Croods. Gente que destila energía por los poros, llenos de curiosidad y deseos de aventura. Gente que quiere hacer y ver algo, no importando si tengan que escalar rocosas montañas con tal de apreciar una pequeña luz. O la gente clase Guy, debiluchos en apariencia, ceros a la izquierda; desconocidos por los que nadie apuesta nada y a quienes prefieren mantener en el “tronco hueco” del conformismo y el “aquí te quedas”, vigilados por celosos jefes que envidian su creatividad. Gente que prefiere usar la cabeza e intentar sus creativas ideas antes que apegarse al miedo y a la incertidumbre. Gente que mediante sus conceptos objetivos minimicen los infortunios y ayuden a los de su alrededor. Gente que no sea repulsiva a lo nuevo, que no se acobarda ante la oscuridad, la corrupción, la impunidad y la injusticia. Gente que está cansada de sobrevivir día tras día encerrados en su cueva, sabiendo que afuera hay mundo en la que hay que vivir, presentar, defender y proponer buenas noticias y acciones.

Personalmente rescato una frase de las escenas de la película que comparto con Guy: “¡No, a mí no metan en sus cosas! ¡Quédense si quieren, pero déjenme ir. Tengo un sueño, una misión, una razón para vivir!

Pablo diría: “Y todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas”.

¡Piensa, te va a gustar!

Anuncios

2 comentarios en “De temblores, temores, los Croods y la aferrada omisión evangélica en la política

  1. Vos si que no te cansas de escribir verdad jaja… bueno, un par de cuatro cosas. La primera, ¿es censura? ¿porqué LGBT?. Segunda (babosadas mías) te faltaron las comillas de cierre en la ultima cita bíblica, penúltimo párrafo. Tercera, se que haces alusión a la comunidad evangélica, pero en realidad es lo que se vive en el (por hablar cuentos) 80% de la población, catolitros, evangelicores, deportistas, tribus urbanas, organizadores de fiestas, etc. todos se hacen a un lado cuando de política se trata, tod@s tachan de corrupta la política y tratan de alejarse lo más que puedan de la vida pública como vos decís, pero nada más entra un nuevo gobierno y a dejarse llevar por los medios de des-comunicación para hacer señalamientos (que por cierto, las más de veces son merecidos para sus protagonistas) pero.. y entonces qué hacemos aparte de criticar, si cuando hay oportunidad de participar, -no necesariamente como candidato/a a algún puesto público- no cuestionamos de forma crítica a quienes si aspiran a tales puestos; no dejamos de aceptar el lío de láminas, cerdos, herramientas, playeras o fosforitos?; la política no implica sentarse en una silla edilicia o cualquiera otra. Cuatro: si, en todo caso hablamos de grupos religiosos, hace unos días hablabas sobre que algunos pastores, se enfocan en hablar sobre emprendimiento, autoestima y no recuerdo que otras cosas, (con el ambicioso objetivo de aumentar el cero a los diezmos), mencionabas que si eso fuera lo que buscas no irías a una iglesia sino a algún otro evento, no sería lo mismo para temas políticos, o puede que esté revolviendo las cosas, pero me parecería, en lo personal, una genial idea que quienes lideran los grupos religiosos hablasen sobre las formas de participación ciudadana y la obligación que cada uno de nosotros/as tenemos de tal participación, entonces, que le sugerís (si es que compartís esto ultimo) a los “pastores” para incentivar a sus ovejas???… Saludos

    Me gusta

    • Gracias Juancar, voy a tratar de responder lo mejor posible; a la vez que me diste otras ideas para agregar al post.

      1ro. Cuando menciono a la comunidad LGBT, lo hago en el sentido en que ellos y otras organizaciones pueden tomarse como ejemplo, ya que están incursionando en la política para favorecer sus intereses. No estoy censurando su participación, creo que cada individuo o grupo, tiene “derecho a pecar” como le guste, pero no a imponer su ideología sobre toda una nación en su condición de minoría, obligando a otros a practicarlas. Por dar un ejemplo ¿no sé si vos estarías de acuerdo si fueras evangélico o católico; en que en plena misa o culto se celebre un ritual maya, porque la legislación de Guatemala te solicita inquebrantable tolerar y no discriminar la creencias de los otros; o al contrario, que en plena ceremonia maya te obliguen a bautizarte papalmente, a recibir la primera comunión o a confirmarte, porque tenés que tolerar y respetar? Cada cosa en su casa ¿No crees? Sobre esto, está claro que la agenda que defienden los activistas pro LGBT, socavan los cimientos de familia, matrimonio e identidad; no solo del individuo, sino de otros grupos y sus creencias. He ahí la importancia de la representación pública.

      2do. Ya corregí las comillas. Gracias.

      3ro. Tenés razón en eso de ¿Qué hacemos aparte de? Fallamos demasiado. Por esa razón, yo creo en el profesionalismo para injerir adecuada y oportunamente en ella. No a participar y a decir babosadas, o en el peor de lo casos, ser un mudo oportunista.

      4to. Mi artículo del otro día http://wp.me/p1LPze-nL en definitiva era autocrítico. No estoy en contra en que en las iglesias se traten temas motivacionales, financieros, administrativos, políticos u otros. Más bien, considero que todo tiene un lugar y una ocasión. En las congregaciones se pueden programar talleres, conferencias, paneles y otras metodologías para informar y enseñar sobre temas específicos a la congregación. Lo que apuntaba en el post era que la iglesia al concentrarse en la psicología y el “merchandising” en su reunión principal, olvidaba o ignoraba el verdadero propósito de la predicación y la necesidad espiritual de las ovejas.

      5to. La verdad no estoy sugiriendo, sino proponiendo; y once (11) valientes “likes” en el post ya me secundan. Si te diste cuenta, yo enfaticé que los pastores y líderes “promovamos la participación y apoyemos a los miembros con aspiraciones políticas, exigiéndoles resueltamente: preparación, profesionalismo, integridad, compromiso y todos los valores habidos y por haber, en particular los bíblicos; al tiempo que exista un vínculo de mentoreo y discipulado, para que estos tomen las mejores decisiones por sus representados”. Esto implica, la programación de cualquier actividad que tenga objetivos no solo informativos, sino de formativos. ¡Y yo me apunto a colaborar en lo que esté a mi alcance!

      ¡Sigamos aprendiendo y desaprendiendo!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s