Memorias navideñas y una autocrítica evangélica

Aún recuerdo los veinticuatro de Diciembre de mi niñez. Junto con mis hermanos solíamos ir por la mañana de ese día, a buscar por los bosques, alguna rama de pino, ciprés o abeto; musgo, flores pata de gallo, paja, varillas de laurel, o cualquier recurso que pudiéramos utilizar para elaborar el muy ansiado “nacimiento” o pesebre de navidad.

Regresados ya de nuestra dichosa búsqueda, y felices por lo que habíamos hallado, iniciábamos limpiando y desocupando el piso de tierra húmeda donde sería el escenario de nuestra próxima creación. Bajábamos de nuestros desgastados roperos las empolvadas cajas que guardaban envueltas en papel periódico las esculturas de yeso de María y José, del niño Jesús, los animales del establo, los magos del oriente, los pastores, los ángeles; las esferas, manzanas y campanas plásticas de navidad, los tambores en miniatura adornados con hilo dorado; los bastones y estrellas de cartón, opacos ya por su escasa brillantina; las luces, entre otros ornamentos.

No olvido que nos restaba importancia si el cuerno de la vaca, la pata de alguna oveja, o los dedos de la efigie del niño Jesús estaban incompletos, ya que nuestro entusiasmo por armar el nacimiento era mucho mayor a concentrarnos en míseras deficiencias.

Otra de las memorias que tengo es que a pesar de todo el alboroto por armar el pesebre y la alegría de saber que la conmemoración del “nacimiento del Hijo de Dios” estaba a unas horas… ¡no acompañábamos a mi papá a la misa de navidad! Era más bien porque nos gustaba quemar cohetillos y pasarla bien con nuestros pares; o también, porque nos quedábamos en casa ayudando a mi mamá a cocinar los tamales y el ponche.

Mi papá particularmente ha sido siempre un devoto católico con algo de “pentecostés” renovado; que no admite, hasta donde le conozco, la veneración, rezo o invocación, hacia ningún personaje “intercesor” de la basta antología que presenta la doctrina que profesa incompleto.

Por consiguiente, llegado ya de misa al término de la media noche nos reunía a todos en rededor de la obra que elaboramos durante el día; mientras de rodillas, escuchábamos el sonidito de “al mundo paz” que surgía de una pequeña bocina verde que acompañaba al juego de luces.

Estando hincados, mirábamos a mi papá, con lágrimas en los ojos, levantar las manos al cielo agradeciendo a Dios la gracia y bendición que sentía, porque Cristo vino al mundo para salvarnos del pecado; al tiempo que imponía sus ásperas manos sobre cada uno de nosotros, orando, para que en cierto momento pudiéramos llegar a conocer al Señor.

Jamás vi a mi papá tomar la imagen del niño Jesús, besarle, honrarle o postrarse ante él. ¡Menos a la estática figura de la virgen María que permanecía con la cabeza inclinada y la vista hacia el pesebre! Ni hablar del “árbol” que hacía gala en la fría habitación que solamente despedía el agradable olor a pino.

Sería exagerado imaginar que mi papá se hubiera inclinado a rendir culto a cualquiera de los objetos representativos del pesebre. Más bien, creo que el árbol jamás representó algo definido con la fe más que solo un adorno cualquiera. El nacimiento para nosotros era un tipo simbólico. No recuerdo que papá se arrodillase ante figurillas de yeso voceando: ¡Salve oh niño Jesús!

Siendo niños, concentrados más en el espectacular cielo que resplandecía con todo tipo de luces de colores a las doce de la noche, no le poníamos tanto énfasis a lo que mi padre pretendía inculcarnos. Nos parecían eternos aquellos cinco minutos que duraba la oración; y al no más terminar, salíamos corriendo a quemar nuestro arsenal de juegos pirotécnicos.

Madurar no es fácil

Pero la infancia se acabó y nos entró la edad. Cada uno fue forjando su camino. En mi caso, cuestionar y redescubrir la fe cristiana, supuso una serie de interrogantes, decisiones y abandono de varias tradiciones que había adquirido en la niñez.

Cuando fui conociendo a creyentes evangélicos, observe que una mayoría de ellos veían con desdén muchas de las escenas bíblicas que los católicos dramatizaban estos días de diciembre, tales como las posadas y la celebración de Navidad. Me preguntaba cuál era la bronca con esas remembranzas, si al fin y al cabo, se traen acontecimientos que nos acercan a conocer a Jesús.

Unos a favor, otros en contra. Hay quienes objetan que tales festividades son en honor a dioses paganos como a los ídolos romanos Apolo y Saturno; a Frey, el dios germano del sol, la lluvia y la fertilidad; a  Huitzilopochtli, dios azteca del sol y de la guerra; a Inti, el dios sol Inca; entre otros. También discrepan, en que son celebraciones paganas que honran a Tammuz, Bahal, Moloc, Mitra, etc.

Añaden que no se sabe con certeza la fecha del nacimiento de Jesús; que él además nunca requirió que se festejara su nacimiento ni fue un mandamiento expreso de los apóstoles. Que tales actividades no fueron instituidas por Jesús ni estaba dentro de las festividades de la iglesia primitiva. Que no existe base bíblica para su observación, entre otros argumentos.

Mi postura

Entiendo que para algunos -muchos- este es un tema extremadamente sensible, en donde se necesita la más exigente hermenéutica para llegar a una conclusión y aprobar o no su festejo.

Sin embargo, tal como la sencillez de mi papá al llegar estos acontecimientos, elijo resaltar a Jesús en todo lo que pueda, más que hacer énfasis en dioses, personajes, objetos o acciones que en verdad no tienen relevancia alguna.

Los evangélicos solemos ser aguafiestas de cualquier situación o festividad que no se ajuste a los 66 libros de nuestras biblias, en lugar de aprovechar las ocasiones para transmitir un mensaje coherente y genuino del evangelio. Si criticando y juzgando es como que pretendemos “impactar” al mundo les tengo algunas preguntas infantiles:

¿Por qué observamos y festejamos nuestros cumpleaños, los aniversarios de nuestras bodas o iglesias; el logro de cierto título académico; el respeto y celebración a nuestros símbolos patrios, al himno nacional, entre otros? ¿Acaso estos figuran en la Biblia como mandamientos a cumplir? ¿Son estos pormenores instituidos por Jesús para su contemplación? ¡Vamos, seamos honestos! Somos magnos pecadores entonces porque estas situaciones no tienen sustento bíblico alguno.

¡Qué importa si en la antigüedad ciertas culturas adoraban a tal o cual dios, objeto, o astro! ¿Qué puedo hacer por ellos? Tales lo hacían en una manera directa y consciente. No digo que nosotros lo hagamos subjetivamente, solamente razono que es tonto pensar que quien pone un árbol o se siente en las piernas del señor gordo ese, este invocando de modo intrínseco: ¡Salve Oh Moloc! ¡Alabado seas oh Tamuz!, ¿O qué se yo?

Por mi parte no tengo bronca alguna en elaborar el pesebre de navidad y que mi hijo vaya conociendo no solo el relato, sino aprendiendo del personaje principal del que estos días se hace tanto alarde. Aquel a quien justamente no se le da el lugar que le corresponde. ¡Y no estoy hablando de Santa Claus!

Suelo preguntarme también ¿Por qué los evangélicos que conmemoramos el nacimiento de Cristo tengamos como símbolo principal en nuestros hogares e iglesias un árbol, renos, medias o a Papá Noel? ¿No es absurdo? ¿Es acaso un símbolo norteamericano o europeo mucho más importate que la escena del nacimiento de Jesús? ¿Nos transmite más fe un árbol, flores de pascua, moños rojos o un muñeco de nieve? En todo caso, los ángeles, los pastores, las ovejas, los animales del establo y las figuras de José y María, son más bíblicos que los personajes que nos quiere imponer el consumismo.

Me pone alegre cuando estos días se avecinan las posadas ¡Las sanas posadas por supuesto! Me alegra mucho cuando mi familia y amigos se entretienen con sus hijos elaborando el nacimiento. Me alegra bastante cuando estos días muchos se niegan algo para llevar un regalo a personas marginadas, sea un abrigo, un poco de alimento, un abrazo o una sonrisa; mientras que a otros nos encanta señalar desde nuestros cómodos asientos la obra de alguien más.

También sostengo que el amor, la solidaridad, el perdón, la generosidad y demás valores que se presumen estos días debiera ser una cuestión de principios, de valores que se exteriorizan todos los días y no solo hasta cierta festividad. Dejemos los oportunistas de utilizar la navidad como recurso de nuestra mediocridad exhibiendo nuestro ego y el remordimiento de conciencia porque ignoramos al prójimo el resto del año.

Navidad hace el mundo un poco mejor aunque sea un breve momento. Dejemos de estar condenando a unos al inframundo porque han adornado un árbol en casa, o se han hecho una selfie con el señor de rojo y barba blanca.

¡jo, jo jo! ¡Piensa, te va a gustar!

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7 comentarios en “Memorias navideñas y una autocrítica evangélica

  1. Todo muy bien Gabael, Cisto debe ser exaltado como sea, y predicado a tiempo y fuera de tiempo y estoy de acuerdo en que se aproveche la ocasión o fecha, cualquiera que sea, para predicar a Cristo. En mi país gran cantidad de evangelistas aprovechan la festividad de la virgen de los Ángeles para compartir el evangelio; incluso, en esos términos, yo estaría abierto y de acuerdo que hasta en halloween se comparta.
    Pero no se puede honrar a Dios desobedeciendo un mandato de Dios,
    Si la instrucción es no aprender costumbres de naciones paganas y tomar sus rituales para ofrecerlos a Dios porque es abominación, entonces no deberíamos decir que estas fiestas son para honrar a Dios. Sería como desobedecer la instrucción de “no fornicar”, diciendo que fornico para honrar a Dios… ¿me explico? sé que es un ejemplo extremo, pero a veces es más fácil entenderlo así.
    Ese es mi punto de vista, y me alegra muchísimo poder conversarlo de forma madura con alguien, que sencillamente no ignora este tópico, pero que lo ha tratado con mucho respeto y amor.

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    • Estimado Braw:

      Creo, en términos propios, que cuando hablamos de “no aprender costumbres paganas y tomar sus rituales para ofrecerlos a Dios porque es abominacion”; estamos encendiendo la mecha del cohete que expone una montaña de costumbres y hábitos PAGANOS, que hemos adoptado a nuestras rutinas; y de las cuales, por su inocente carácter, terminamos celebrándolas y honrando a Dios; por ejemplo: los cumpleaños.

      Se menciona, que el origen de los cumpleaños “Nace dentro del dominio de la magia y la religión. En la antigüedad, las costumbres de felicitar, dar regalos y hacer una fiesta —con las velas encendidas que la completan— tenían el propósito de proteger de los demonios al que celebraba su cumpleaños, y de garantizar su seguridad durante el año entrante. […] Hasta el cuarto siglo, el cristianismo rechazó la celebración de cumpleaños como una costumbre pagana.” (Revista Zeit und Welt, suplemento del Schwäbische Zeitung, 3/4 de abril de 1981, pág. 4.) La costumbre de rodear la tarta de velas viene de la antigüedad. El círculo de velas formaba parte de un ritual que protegía al homenajeado de los malos espíritus durante un año.”

      “Los griegos creían que toda persona tenía un espíritu protector, o daemon, que estaba presente el día de su nacimiento y que cuidaba de ella durante su vida. Este espíritu tenía una relación mística con el dios en cuyo día de cumpleaños la persona nacía. Los romanos también aceptaban esta idea. […] Esta idea fue transmitida al campo de las creencias humanas y se refleja en la idea del ángel custodio, el hada madrina y el santo patrón. […] La costumbre de las tortas o bizcochos con las velas encendidas comenzó con los griegos […] Se ponían sobre los altares del templo de [Artemis] tortas redondas como la luna, hechas con miel, que tenían cirios encendidos. […] La creencia folklórica es que las velas de cumpleaños están dotadas de magia especial para conceder deseos. […] Los cirios encendidos y los fuegos relacionados con sus sacrificios han tenido un significado místico especial desde el tiempo en que el hombre comenzó a erigir altares a sus dioses. De modo que las velas de cumpleaños rinden honra y tributo a la criatura que celebra su cumpleaños y le traen buena suerte. […] Los saludos de cumpleaños y las felicitaciones son parte intrínseca de esta fiesta. […] Originalmente la idea estaba arraigada en la magia. […] Los saludos de cumpleaños tienen poder para bien o para mal porque en este día uno está más cerca del mundo de los espíritus. (The Lore of Birthdays, New York, 1952, Ralph y Adelin Linton, pag. 8,18-20).” (Wikipedia)

      Todo lo anterior, es solamente uno de tantos hábitos, costumbres y tradiciones que agregamos a nuestros “estilos de vida” pero que nosotros no lo hacemos con el conocimiento de estar imitando un ritual pagano y ofrecérselo a Dios.

      Conociendo esto, podría imaginarme que de ahora en adelante; más de alguno de los lectores, no celebrará sus cumpleaños, aniversarios; no habrá pastel en las bodas, no regalará nada a sus seres queridos en sus festejos; porque estaría emulando un ritual pagano.

      Pasa algo semejante con la navidad. Trato de no ignorar la historia y los acontecimientos atroces e idólatras que se realizaban en honor a los dioses. No obstante, los que festejan navidad sin la simbología bíblica; creo que no tienen esa mentalidad hereje de invocar dioses y demonios; a diferencia de los que de por sí secularizan esta festividad, en sus borracheras, parrandas y etcéteras.

      Los que conmemoramos el nacimiento de Cristo, que bien sabemos no fue el 25 de diciembre; recordamos este evento como uno de los más importantes en nuestra didáctica cristiana.

      Personalmente no tengo motivos ni atracción por las figuras de Santa, las medias, los renos, los muñecos de nieve u otras que ofrece el mercado; sino simplemente, por aquellos, como los personajes del relato evangélico; conjunto con otros decorados que expresen un ambiente de alegría, “porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”

      Bueno, todo esto desde mi perspectiva racional.

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      • Eso que dices es cierto; sin embargo, la celebración del cumpleaños no es una fiesta ofrecida a Dios… es decir, el mandamiento no se viola, ¿me explico? el problema es cristianizar lo pagano, y peor aun, hacer que la tradición sea más válida que la Biblia

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      • ¿Querés decir entonces, que podemos emular una celebración pagana, como los cumpleaños; sin que violemos la orden de Dios de no imitar las tradiciones y costumbres de las naciones abominables?

        Ya ves amigo. Al parecer, vos también justificás de alguna forma, el festejo que tomamos por ejemplo, aún conociendo su trasfondo. No los celebras supongo.

        Mi familia y yo, solemos agradecer y HONRAR a Dios el día en que nacimos. Aunque pensándolo bien… la honra más bien, gira en torno a nosotros. ¡En qué lío nos hemos metido!

        Pero volviendo al punto. ¿Será que Dios nos castigará y enviará al infierno, por conmemorar -recordar públicamente un personaje o acontecimiento-, en este caso a su hijo y su nacimiento; en una fecha imprecisa?

        Y no. Particularmente, sería abusivo definir esta tradición como algo que tenga más validez que la Biblia (lo llevaste al extremo). Al contrario, de la Biblia extraemos esta celebración; no cristianizamos un acontecimiento que se menciona indiscutible en ella.

        Ahora, si tu convicción bíblica te impide alegrarte, agradecer y recordar el nacimiento Cristo; pues, es respetable tu posición.

        Lo que si es cierto, es que el mundo cristiano que “supuestamente” festeja el acontecimiento, lo ha llevado por las ramas; introduciendo símbolos y personajes, de los que en definitiva, hay que confrontar y desaprobar.

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      • La orden de Dios es no emularlas y decir que son para él… porque a él no le agradan.

        Pero si a mí me agradan, y yo no soy Dios, y no he pedido que no lo hagan, ¿qué tiene de malo que me celebren el cumpleaños?

        Si yo celebrara el cumpleaños de mi esposa, en la fecha del cumpleaños de una exnovia, eso sí sería terrible para ella, no creo que le guste mucho.

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  2. Me conmueve el espiritu con que resalta la navidad. Aunque no puedo debatir temas religiosos porque desconozco mucho de ello. Me alegra saber que existe personas que viven la verdadera natividad de Jesus.

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  3. Sin lugar a dudas uno de los temas que ha tomado relevancia en estos ultimos años. No recuerdo en el pasado a Iglesias evangelicas “tradicionales” teniendo problemas con respecto a la celebración de la Navidad. Es mas has traido a mi memoria la practica de mi abuelo materno el 24 de diciembre a las 11:59 pm cuando en la sala nos reunia y sin decir una palabra se arrodillaba y comenzaba a orar audiblemente dando gracias por un día haber sido rescatado del pecado gracias al niño que un dia nacio en Belén. Tengo miedo que los cristianos piensen que la Navidad es de origen pagano cuando no lo es. Es una hecho real, historico incluso teologico que iglesias no fundamentadas junto con sectas y creencias gnosticas tratan de hacer morir y sustituirlas sin que los creyentes puedan pronunciarse.

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