Evangelio a la Tortrix

El Tortrix, ha sido en algunos países de Centroamérica, una chuchería predilecta, bastante consumida y que ha permanecido durante años por su singular sabor, precio y presentación. Se ha caracterizado por ser una “boquita” sumamente atractiva, degustable e incluso adictiva.

Es una baratija sobradamente comercial, que acompaña las refacciones, las comidas, o cualquier excusa para tener algo que comer; ya que en realidad, las horneadas hojuelas de maíz; sean estas con sabor a limón, picante, barbacoa o queso… ¡saben muy bien! (Hasta estoy disfrutando una mientras escribo el post; que por cierto, tendría que reclamar comisiones por hacerles publicidad)

Como habrán notado en el atípico encabezado, el tema que nos ocupa es un modelo de “evangelio”. Un evangelio atractivo, degustable y peligrosamente adictivo. Un evangelio bien aceptado por ser simplista. Bastante consumido y fabricado porque es superficial y tolerable; el cual, no requiere “escarbar” en su estudio ni invertir tiempo ni espiritualidad para ser presentado, ya que lo que interesa es “quedar bien” con la gente y que estos lo “disfruten”. Un evangelio donde aparentemente, tanto al disertador como a la audiencia, les importa un comino el “valor nutricional” de lo que venden o lo que tragan.

Soy consciente por supuesto, que no soy el primero ni seré el último en hablar de algo parecido. No obstante, escribo desde el metro cuadrado que comparto con otros, y del que me siento profundamente indignado; pues al pertenecer a una organización religiosa que anuncia casi aparatosamente a los cuatro vientos, de figurar como una de las pocas instituciones que guarda y practica celosamente el evangelio; exponga en sus altares contenido humanista y hedonista, como la psicología motivacional; sustentada por dos o tres versículos bíblicos oportunamente seleccionados como bagaje espiritual, acompañado de una aburrida verborrea anecdotaria, entremezclada con preguntas absurdas que no solo insultan la inteligencia del público observador; sino que además, concretan sutilmente que la charlatanería vertida por un poco más de cuarenta y cinco minutos, haya sido sin cuestionar, la “bendita palabra de Dios” que “alimenta” a las “necesitas” ovejas.

Evangelio a la Tortrix. Un evangelio popular que carece de “vitaminas”, pero que se fabrica y se consume en proporciones cada vez más altas, porque esta se saborea sin dar un mal sabor de boca en los comensales. Un evangelio con abundante “glutamato monosódico” (potenciador de sabor) que quiere hacer creer, que el mensaje es fresco, más sano, más rico en nutrientes y que sabe mejor; pero que en realidad solamente engaña. Un evangelio en donde el pecado, la santidad, la justicia, la verdad, el costo de cargar la cruz, el amor al prójimo, la fidelidad conyugal, entre otros; no tienen porque mencionarse, ya que el alza de los diezmos se vería afectado.

—No hay que incomodar a los hermanos —Replican.

—Hay que tolerar. Hay que amar como Cristo. No hay que ofender ni parecer groseros. Hay que darles “buena onda”. ¡Dios juzgará! —Argumentan.

He querido escribir esto hace un tiempo, pues sea en la congregación donde participo, en la radio, tv o Internet; se repite el mismo patrón de evangelio, que dista de ser aquel que Cristo y los apóstoles neotestamentarios proclamaban. Desde luego, hay excepciones a la generalización.

Se imaginan a Pedro, a Juan o a Pablo pronunciar estas semejantes cosas: “Luchen por sus sueños” “Persigan sus metas” “Planifiquen y sean positivos”… Digo, si necesito una charla motivacional, de plano la iglesia, sería otra opción más a dónde acudir en la que un aporte voluntario es suficiente. Más bien, el mensaje que anunciaban era el “evangelio de la gracia de Dios“, el “evangelio que es poder para salvación“, el “evangelio de la gloria de Cristo“. Menciono pues, convenientemente, las palabras que Pablo acierta inequívo a la comunidad de los Gálatas: “Estoy horrorizado de que ustedes estén apartándose de Dios, quien los llamó a sí mismo por medio de la amorosa misericordia de Cristo. Están siguiendo un evangelio diferente, que aparenta ser la Buena Noticia, pero no lo es en absoluto. Están siendo engañados por los que a propósito distorsionan la verdad acerca de Cristo” Gál 1:6-7 NTV

—¿Quién se cree este? —Preguntarán algunos. —¡Nadie en materia bíblica personal! Simplemente una oveja que acude con el deseo de recibir de Cristo y su Palabra cuando se congrega. Uno más de las bancas que asiste expectante a recibir “pasto fresco” que satisfaga el alma y desafíe a vivir honrando a Dios. Uno que desaprueba que el estrado sea utilizado para propagar palabrería barata, con buena apariencia y agradable al oído, la cual puede ser hallada en libros e incluso en YouTube sin cero esfuerzos; palabras bonitas que no tiene ni un ápice del evangelio que el Señor mandó a predicar.

Estoy harto de escuchar mensajes motivacionales, de superación, de éxito, de prosperidad financiera… Tal parece que el verdadero evangelio, avanza vertiginoso a su extinción. Y nosotros colaboramos con ella si no nos contraponemos a un cristianismo sin Cristo, a un evangelio olvidado, a un “evangelio” sin Evangelio.

Si tienes el inmerecido privilegio de abrir la Biblia ante una multitud: expón el evangelio. Predica a Cristo. Si eres un oyente más: examina si lo que escuchas te conduce a Cristo, a vivir para su gloria, y no para concentrarte en ti mismo. No te tragues el evangelio a la Tortrix, aunque suene espectacular.

¡Piensa, te va a gustar!

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