El Retorno del Pródigo

prodigal-son No hace mucho tiempo que me han dado oportunidad una vez más a compartir mensajes en cuanto a la fe en distintos escenarios y audiencias.

Confieso que no ha sido nada fácil tomar la Biblia, abrirla con audacia o tomar el micrófono sin temor. El trayecto hacia la plataforma ha suscitado en ocasiones una valentía sobre humana, contando mis temblorosos pasos, escuchando murmullos de censura, soportando miradas de menoscabo; pero sobre todo, superando un siniestro y acusador recuerdo que hablaba a mi mente diciendo: “Eres indigno”.

Desde luego, en contraste,  alcanzaba a percibir gestos afirmativos y motivadores. Personas sonrientes que sin abrir la boca gritaban: “Creemos en tí”; y dentro de mi ser, una convicción inquebrantable susurrando: “Eres perdonado” “Su gracia te sostiene”.

La verdad es que no puedo imaginar siquiera como sería mi vida si nunca hubiera tenido un tropiezo como el que enfrenté en mi prematura aventura en el servicio cristiano. Solo puedo decir que muchos de mis sueños y metas se vieron truncados, no porque el diablo haya tenido la culpa, sino que paulatinamente, fui cediendo terreno a caprichos que sabía, podrían llevarme a un colapso.

Uno de los días más grises que he vivido y que mantengo como un fresco retrato, fue el momento en que me presenté ante mis líderes para rendir cuenta de mis lados oscuros que habían salido al descubierto, seguido de mi disculpa pública ante la familia espiritual que me vio nacer y crecer. Revivo aquellas escenas quizá de las más dolorosas a las que me he enfrentado, no porque me sienta orgulloso de algo, sino porque en esos momentos en que lo único que podía hacer es bajar la cabeza y fijar la mirada en el suelo; encontré brazos de soporte y consuelo, dispuestos a perdonar y acompañarme en el largo camino de la restauración.

Han transcurrido casi tres años desde aquellas vivencias que han dejado huellas tristes no solo en mí, sino también en todos los que me rodean. No obstante, mi fracaso público solo dejó en evidencia mi grado de compromiso y amor hacia lo que creía y defendía; y siendo honesto, me produce cierta calma pensar que solo de quienes sale a flote nuestras debilidades y caídas, somos los únicos que descuidamos nuestra entrega, pasión y compromiso por el Señor. ¡Ojalá así sea!

Últimas Lecciones

Días previos, he sido fuertemente conducido a la Parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15:11-32). He leído vez tras vez este maravilloso relato. Es como si Dios me atrajera a esta historia para patentar a fuego en mi corazón una verdad que necesito recordar cada momento. Es que a pesar de haber transcurrido un tiempo considerable desde mi ruina pública, no había logrado perdonarme ni superar la culpabilidad y la vergüenza.

Acá es donde Dios me enseña que no importa cuan desastroso y bochornoso sea mi pasado o mi presente, si me propongo ir a Él arrepentido, decidido a que Él se encargue de mi vida; con seguridad encontraría no solo su perdón, sino recobraría aquella identidad que un día intencionalmente decidí rechazar y pisotear.

“Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio, se compadeció de él, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó” (1) son las palabras que definen al Padre amoroso que Jesús indica encontramos solo en Dios.

Esta es ahora mi motivación para hacer lo que hago: Aunque tenga un pasado acusador o un hermano mayor que no celebre mi regreso, en el Padre encuentro refugio, perdón, aceptación, identidad, gracia y gozo.

A este punto, quiero mencionar que decidí escribir en una corta crónica esta etapa de mi vida, para que de alguna forma, si logra ese objetivo, tocar la consciencia de alguno, hacer una pausa, re evaluar su motivación y entrega, retornar a la vía correcta pidiendo auxilio si fuese necesario y hacer un re génesis en su trayecto; sea en su esfera familiar o material, pero mayormente en el espiritual.

Este post invita también a todo aquel que  no encuentra un norte. Al que se cansó del cuidado del Padre y decidió alejarse de casa.  Al que se ha percatado de no tener un rumbo seguro. Al que desconoce el propósito de su existencia. Al que buscando soluciones o respuestas inmediatas, es arrastrado aún más al agujero de la incertidumbre, duda y desesperanza. Para todos nosotros es, tanto los que estamos cerca como los que están lejos.

Dios no es un Padre irresponsable que niega su paternidad cada vez que sus hijos meten la pata (2). Por el contrario, los brazos amorosos de Dios no se limitan solo al que está en casa disfrutando de sus cuidados; más bien, cual padre que añora el regreso de un hijo rebelde, está atento y dispuesto a correr al encuentro de todo aquel que determina dejar atrás su pasado, enfrentar su presente y dejar en manos de Él su futuro. En Él hay seguridad. En Él hay plenitud. En Él hayamos perdón y salud.

“yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer. Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo” (Apóstol Pablo en Filipenses 3:13-14 BLS)

Como epílogo, una canción que ha tenido mucho significado en todo este proceso.

(1) Lucas 15.20

(2) Braulio Barquero

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