Redes Sociales: Confesiones de un adicto

REDES

Esta es una experiencia muy personal. He decidido plasmarla en párrafos y oraciones, con la intención de contribuir -si es que logra este objetivo- a la reflexión por quienes nos vemos sumergidos en el mundo del Internet y sus productos. Quiero invitarte a que apartes unos minutos a leer íntegro el post. Puede que tus ideales y criterios sean muy distintos a los míos, aún así,  creo que puedes extraer, como de toda lectura, lo que consideres útil y provechoso.

Hace 6 meses aproximadamente, determiné alejarme en todo lo posible de las redes sociales populares: llámese Twitter, Hi5, Google+, Facebook, Instagram, u otras tantas que existen. La idea venía haciendo eco en mi mente meses atrás (si no decir años), cuando me percaté que la mayor parte del tiempo que tenía, la desperdiciaba en estás terminales de ocio e improductividad personal -según como lo uses-: leyendo tuits, leyendo muros, viendo fotos y comentando incluso cosas triviales y absurdas. 

Esta decisión fue producto de varias situaciones de las que mencionaré en las líneas que siguen, la cual se hizo necesaria, y que vino a revolucionar muchos detalles y aspectos en todos mis círculos.

Muchos de mis intentos por abandonar éstas plataformas sociales no daban muestras de progreso alguno, debido a que se había constituido en un hábito “indispensable” como parte de la vida globalizada. Desde el ¡boom! de la comunicación instantánea por Internet, me anoté como uno más de sus fieles consumidores. Tenía la “necesidad” de estar conectado. No estarlo significaba ser parte de la comunidad desinformada e ignorante (pensaba).

Considerablemente vino a afectar mis relaciones personales, capacidad de concentración, finanzas, responsabilidades, por mencionar algunas desventajas; pero mayormente, mi relación espiritual en mi posición de servidor cristiano. Algunos dirán: ¡Qué obsesión con las redes sociales! Si, y esa obsesión se constituyó en un vicio, poco censurado pero muy perjudicial.

 

No perdía ni un momento durante mis viajes y me la pasaba en la red social. En la hora de comida, en la red social. De paseo con mi novia, en la red social. En reuniones o conferencias, en la red social. En el salón de clases, en la red social. Caminando por las calles, en la red social. Mientras papá me hablaba, en la red social. Para muchos me volví despistado, odioso y desconfiado por el desinterés que mostraba.

El día que fui duramente censurado

Debido a que este vicio es poco o nada reprobado, y no se encuentra de forma específica en la lista de actitudes pecaminosas que refiere la Biblia, por ejemplo: Romanos 1.29-30, 1 Corintios 6.9-10, y otros pasajes; estaba alentado de que no perdería el cielo por ser fiel amante a una red social. Tenía presente que mis prioridades estaban completamente inversas, pero la estupidez me conducía a pensar que el texto bíblico no afirmaba: “…ni los twitteros, ni los facebukeros, heredarán el reino de Dios”… Eso me hacía estar tranquilo.

Siempre me ha gustado el tipo de orador que te confronta y desafía. Entre ellos particularmente estaba David Wilkerson (R.I.P). Me encontré con un vídeo en el que predicaba. Captó fuertemente mi atención y dediqué los 07 minutos para escucharlo. Parecía que el mensaje de ese vídeo fue grabado exactamente para mí. Cada palabra, cada aserción, cada oración, incomodaba mi alma y hacía ver mi hipocresía y negación al afirmar que amaba a Dios con todo mi ser.

Ese día quedamos en salir con quien ahora es mi esposa. Más de una ocasión me dijo con amor que guardara el celular mientras pasaba tiempo con ella. De camino al lugar de cita, las palabras de Wilkerson rebobinaban en mi cabeza. Llegué minutos antes. Sin tener nada que leer, saqué el celular del bolsillo leyendo una que otra novedad. No habían transcurrido 5 minutos cuando ella me sorprende. Un breve ¡Hola! fue todo el saludo, y en seco comenzó a desahogarse.

—Henry, veo que no puedes vivir sin estar conectado en las redes sociales. La mayor parte del tiempo que pasamos juntos te la pasas revisando el celular. Te des cuenta o no,  lastimas mis sentimientos. Me haces ver que da igual si estoy contigo o no. Parece que no te importo y te interesa más la vida de tus amigos. Estamos a dos meses de casarnos, y no quisiera ser esposa de un hombre que le va a importar más la vida de sus amigos que su propia familia. Te amo, pero no puedo tolerar tu actitud desinteresada hacia el verdadero mundo que te rodea.

Sonreí respondiendo: –¿Y ahora, qué estoy haciendo mal? ¡Te escucho!

—¡No me escuchas! Siempre te la pasas chateando sin prestarme atención. Por favor, date cuenta que esa adictiva interacción tuya está llevando a destruir nuestra relación.

Fue un eterno silencio. Luego de casi diez minutos sin cruzar palabras, rompí el silencio pidiéndole perdón, prometiéndole dar todo de mí para abandonar tales hábitos tecnológicos. Apesadumbrado y confrontado, fue un día decisivo.

BAJANDO DE NIVEL

Felizmente casados un poco más de tres años, confieso que no ha sido nada fácil minimizar el uso de las redes sociales; sin embargo, saber mantener un sano equilibrio y proponerse a cumplir una disciplina, ha sido de lo más satisfactorio, en especial cuando logras establecer el orden correcto de tus prioridades.

Debido a la naturaleza de mi trabajo, estoy expuesto a un sin número de personas. Esto hizo a que en mi cuenta de Facebook tuviera una considerable cantidad de amigos; por consiguiente, tenía contacto con varias personas. Esto significaba, dedicar tiempo a conversar con ellos, escuchar (leer) sus inquietudes, problemas, dudas, alegrías, entre otras cosas.  Admito que intentar ayudar a las personas en línea no era de todos los días. Ser un buen escucha y aconsejar en lo que podía, me daba una grata satisfacción.

El extremo al que me había inclinado, suponía el consumo de casi todo el tiempo que tenía en asuntos triviales de las redes sociales. Luego de ser confrontado y prometiendo bajarle revoluciones a mi estatus cibernético, comencé a pensar en cancelar definitivamente mi cuenta. A medida que auto programaba ausencias de 3 a 5 días durante algunos meses de la red social, concreté la idea al eliminar absolutamente mi perfil personal.

No era la única cuenta a la que estaba asociada, pero si a la que estaba más atento y sumergido. Admito que no fue fácil, pero luego de esa drástica decisión, nada en absoluto he sido perjudicado, al contrario, el tiempo que “invertía” leyendo de la vida, decepciones, preocupaciones y absurdos de muchos; hoy trato de INVERTIRLO en formas productivas. Me pasa lo mismo con otras redes sociales, en todo, procuro disminuir considerablemente la manera en como interactuo en ellas.

EL CONTRASTE

Debo reconocer que algunos, al igual como yo lo hacía, se enfocan en compartir pensamientos positivos y espirituales con el fin de ayudar a otros. No obstante, he notado que una buena parte de los que escriben acerca de Dios, intentan defender sus ideales o cosas indefendibles acorde a sus creencias e intereses, que muchas veces resultan equivocadas.

Por supuesto, no estoy envolviendo a todos en el mismo saco, hay hombres y mujeres respetables que con amor aconsejan, censuran, exhortan y consuelan a los navegantes virtuales; con todo, se menciona a menudo que detrás de una pantalla y unas teclas, cualquiera puede vestirse de santo. (Incluso detrás de una Biblia).

En este punto, a cualquier persona podemos engañar con el disfraz de irreprochable. Y como en alguna oportunidad leí: En la redes sociales siempre habrá la tentación de: “Como me presento” y “Quien realmente soy”.  ¡Cuidado! nuestros engaños e hipocresía siempre saldrán a relucir; por consiguiente, seremos víctimas de sus efectos.

Desde luego, Internet y las Redes Sociales no son del diablo ni nada por el estilo, todo se resume en “como lo uso y que lugar ocupa”. Ellas nos han ayudado a comunicarnos de forma inmediata, establecer relaciones distantes, promocionarnos, compartir y debatir nuestros puntos de vista, entre algunos aspectos favorables.

No dejaría de mencionar el lado obscuro que ha surgido por el mal uso de estos: Acosos, intimidaciones, mentiras, hipocresía, insultos, robo de información, secuestros, asesinatos, violaciones, sumándose una lista un tanto extensa de situaciones desfavorables.

Debido a que desde nuestro nacimiento somos parte de una comunidad, y a medida que crecemos buscamos ser parte de otras; las redes sociales tienen sus puntos a favor cuando se usan con responsabilidad, y puntos en contra al ser mal utilizados.

ULTIMAS LÍNEAS

Este epílogo llama a reflexionar en base a lo que he vivido con y en las redes sociales, re evaluando constantemente mi progreso. Invita también a todos aquellos servidores cristianos, padres, esposos, hijos, amigos y/o trabajadores inmersos en la red, a cotejar lo relevante e imprescindible cuando hablamos sobre Internet y  Redes Sociales.

adictos

Si lo que hacemos en ellas repercute negativamente en la manera como nos relacionamos con los demás: con nuestros hijos, con nuestros padres, con la pareja, con nuestros amigos, en  los estudios, en nuestras finanzas, trabajo, servicio, espiritualidad, entrega y en todo lo demás; entonces nos haría bien un auto análisis, disciplinándonos en aspectos relacionados y decidirnos a realizar cambios necesarios, haciendo lo mejor posible en honrar y respetar a nuestros semejantes.

Que el mundo que nos rodea sea virtual, no significa que no sea real. Todo, absolutamente todo tiene consecuencias en torno a ellas, sean físicas, legales, morales o espirituales. ¡Meditemos!

¡Piensa, te va a gustar!

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