El Fracaso de Haber Triunfado (Cristianismo y Lance Armstrong)

Lance-Armstrong

En toda disciplina deportiva se establecen normas, sanciones y prohibiciones, con el fin de que el participante demuestre su dones, naturalidad y potencialidad para hacerse auténtico merecedor de un determinado premio. Muchos competidores con el afán de afianzarse del galardón, recurren al camino fácil del no sacrificio y trabajo duro, utilizando sustancias prohibidas para mejorar su capacidad y rendimiento físico. (Dopaje)

EL CASO ARMSTRONG

En mi transición de niño a adolescente, hubieron pocos en quienes fijar los ojos con admiración y respeto. Uno de ellos fue el dominante Armstrong que durante  7 años consecutivos se llevó los laureles del Tour de Fracia.

Lance Armstrong, uno de los nombres que últimamente en el mundo deportivo ha sido de los más sonados, quizá, no por las hazañas que pudo haber alcanzado, sino por los escándalos que en el pasado hubo protagonizado.

Sus logros de 1999 a 2005, entre otros anteriores y posteriores; fueron y son objeto de especulaciones, cuestiones y señalamientos. No fue sino hace algunos días en los que el “inigualable” Armstrong admitía todos las conjeturas, mentiras y fraudes en las que se veía envuelto. (La confesión de Lance Armstrong en 10 frases)

Lance Armstrong vivía comprobando la relevancia, el éxito, los aplausos y la fama. Desde sus doce años respiraba aires de gloria, y sin tardarse, sus esfuerzos lo encaminaban al podio de la victoria. Pero una etapa oscura de su vida se devela ahora. El incomparable ganador, con algo oculto y prohibido aboga. El que tuvo un momento de exaltación, ahora experimenta la etapa de vergüenza y humillación.

Armstrong confesó haber consumido sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento físico durante la mayor parte de su carrera, lo que por tantos años había negado, especialmente durante los siete Tour de Francia que ganó. Admitió haber recurrido a tales sustancias “por arrogancia y su instinto insaciable de victoria” Esto acumulado, únicamente le produjo decepción, vergüenza y deshonra.

Entre otras cosas, la UCI (Unión Ciclista Internacional) decidió dejar “desierto” el nombre del ganador de los siete Tour consecutivos de 1999 a 2005. El que antes fue aclamado, ahora su nombre es desolado. Sobre ello, la UCI solicita se “devuelvan los premios económicos que Armstrong percibió durante su período de triunfo que aproxima a 2,9 millones de dólares”

Aún más, El 23 de agosto de 2012 la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA) decidió retirarle sus siete títulos del Tour de Francia por dopaje, además de suspenderlo de por vida. Los promotores de Armstrong  dejaron de patrocinarlo, esto ocasionó al deportista una perdida calculada en 19 millones de dólares.

Y como lo dijera en la entrevista del 18 de enero 2013 con Oprah Winfrey, sus decisiones afectaron grandemente no solo su carrera, sino su vida personal, su familia, sus amigos, seguidores, sus finanzas, y todo lo que le rodeaba.

EL DOPING CRISTIANO ESPIRITUAL

Si bien, este acontecimiento está absolutamente relacionado a los deportes, especialmente al ciclismo profesional, vi una buena oportunidad en hacer un contraste de este hecho con el cristianismo que algunos (quizá muchos) vivimos, y que al igual que Armstrong, puede traernos dolor, humillación, vergüenza y decepción.

Haber reconocido nuestra condición pecaminosa ante Dios y nuestra necesidad de Él, viene a constituirnos en Hijos de Dios (Gálatas 3.26) en la cuál se nos otorgan honores y responsabilidades (1 Pedro 2.9).

No obstante, tal honor concedido implica no solo una responsabilidad sino varias, entre las cuales están: vivir en santidad, no adoptar los principios y moralidad que el mundo ofrece, modelar el amor de Dios, compartir a otros la vida que Dios otorga, entre muchas más que pueden mencionarse.

El autor de la carta a los Hebreos lo manifiesta con estas palabras: “quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante” (Hebreos 12.1 NTV). El apóstol Pablo nos exhorta a seguir adelante, “hacia la meta, para llevarnos el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo” (Filipenses 3.14)

En la Biblia, en varias ocasiones el alcance a la vida eterna que Dios ha prometido se relaciona con una carrera, en dónde se nos pide enfocarnos en la meta y evitar “sustancias prohibidas” que nos impedirán llegar al objetivo.

En las disciplinas deportivas, las sustancias prohibidas pueden ayudar al competidor o atleta a alcanzar un galardón. En la disciplina que el Señor nos invita a recorrer, éstas entorpecen nuestra trayectoria y nos desenfocan. Pero en los dos casos, cuando se descubre aquello oculto que permitimos en nuestro “organismo”, terminamos humillados y avergonzados.

Existen y han habido muchos casos, en los que de un momento a otro nos enteramos que, el cristiano piadoso, el líder, pastor o quien fuera, a quien considerábamos un santo, perfecto y humilde servidor de Dios, se ve hoy hundido en la más terrible ignominia; en la que se descubre su protagonismo en engaños, fraudes y otros pecados inmencionables.

Se necesitan años en construir reputación, pero solo segundos en destruirla, llevarla a la ruina y terminar en deshonra. El caso de Lance Armstrong me deja muchas lecciones para aprender, especialmente porque hay ciertas facetas de su vida que son identificables con la mía y que experimenté tristemente, no en referencia al deporte, sino en asuntos de espiritualidad y liderazgo.

EN MODO ¡ADVERTENCIA!

Creemos que vivir ocultando aquello prohibido nos evita consecuencias desastrosas, lo que ignoramos, es que el tiempo no desvanece los resultados de nuestro fraude, sino solamente las aumenta y las hace más notables. Evitando ser confrontados y censurados no hacemos otra cosa que auto engañarnos.

Me llama profundamente la atención las palabras que Jesús dirige a sus oyentes, Él afirma que “no todos los que le llaman Señor tendrán acceso a su reino, sino sólo aquellos que hacen la voluntad del Padre. Muchos le dirán EN AQUEL DÍA que hicieron cosas en pro de su reino. Algunos fueron grandes oradores y teólogos, otros indiscutibles exorcistas, y muchos incomparables sanadores en Su Nombre. Contrario a lo que ellos esperaban, son desaprobados para recibir alguna recompensa. (Mateo 7.21-23)

El apóstol Pablo manifiesta que el Señor “sacará a la luz nuestros secretos más oscuros y revelará nuestras intenciones más íntimas. Entonces Dios le dará a cada uno el reconocimiento que le corresponda” (1 Corintios 4.5)

Estas afirmaciones, más que condenación me dan esperanza. Me ayudan a re-examinarme una y otra vez, y a darme cuenta si ciegamente algo estoy permitiendo en mi vida que me descalificará para la herencia “que Dios tiene preparado para quienes le aman” (1 Corintios 2.)

La dicha con la que contamos los que despertamos un día más, es tener la oportunidad de arrepentirnos, buscar el perdón de Dios y enfrentar las consecuencias producto de nuestras equivocadas decisiones. Detengámonos un momento en reflexionar que las “sustancias prohibidas” que nos damos el lujo de experimentar, no solo nos afecta a nosotros, también alcanza a aquellos que nos aman y entregan su confianza.

Un rey David que un día se permitió lo prohibido, exclamaba arrepentido: “Dios, borra las manchas de mis pecados. Reconozco mis rebeliones que día y noche me persiguen. He pecado contra ti y he hecho lo malo delante de tus ojos. Purifícame. Lávame. Crea en mí un corazón limpio. Restáurame.  Estoy dispuestos a obedecerte. (Salmo 51)

Un Lance Armstrong que jamás tendrá una nueva oportunidad en competir en las grandes ligas, hoy se ve relegado, humillado y destronado. Quizá nunca más vuelva a recuperar aquello que un día decidió perder lentamente.

Eso es acá entre nosotros los imperfectos mortales. Dios sin embargo, renueva su amor de día en día, y si nuestras impensables decisiones nos han conducido a un estado de dolor, insatisfacción y vergüenza, un nuevo amanecer nos recuerda que nos esperan nuevas oportunidades para aprender del pasado, valorar el presente y redireccionar el futuro.

En Palabras del Señor Jesús: “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. (Mateo 23.12)

¡La verdad nos hace libres! ¡Piensa, te va a gustar!

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