Basquetbol y algo más. Lecciones y Desafíos a un Novato Aficionado

 

Hace unos días, tuve la oportunidad de jugar nuevamente en el equipo de basquetbol que conformo. Luego de algunos minutos de juego, el pitazo arbitral me llevó al banquillo de los espectadores.

Tuve la sensación que luego de mi salida recibiría una serie de instrucciones que no se hicieron esperar. El capitán me retó a mejorar la calidad de juego y asistencia. Me hizo ver todos mis errores en la cancha, pero a la vez también me animó a no cometerlos otra vez dándome algunas direcciones.

Me indicó que mi prisa en concretar una “buena jugada” puede llevar a fracasar al equipo.

Que hay ocasiones en las que debo entrar con todo y otras en las que debo esperar a los demás.

Que nunca debo pretender ni figurar que algo saldrá bien si primero no cuento con la seguridad de hacerlo correctamente.

Que debo trabajar en equipo y no interrumpir ni bloquear el espacio de mis compañeros, que lo único que hará una buena intención es terminar en decepción.

Me aclaró que debo cuidar y conocer a la perfección lo que se me ha asignado y no permitirme pequeños errores que pueden costarle alto a todos.

Aunque ganamos por una notable diferencia, finalizó sus instrucciones diciéndome que para hacer las cosas bien se necesita un proceso, un camino de trabajo duro, atención, agilidad, entrenamiento y en donde se debe buscar la efectividad al máximo nivel.

No está demás decir, que fui llevado a la banca para permitir que otro tomara mi lugar, observando cómo podría hacerlo y mejorar en la siguiente oportunidad.

Con honestidad, me asombré muchísimo. Uno cree a veces que lo que está haciendo realmente está bien y que no está cometiendo ningún error.

Sin dudarlo mucho, trasladé esta experiencia a mis notas, extrayendo algunas lecciones de las que hoy les comparto, las que procuraré implementarlas en la cancha de la vida diaria.

1. Como líder, debo confrontar a los demás con paciencia y sabiduría.

2. Si confronto a alguien, no debo resaltar sólo sus aspectos negativos sino también subrayar sus aptitudes y retarlo a mejorar.

3. Precipitarse a lograr algo por nosotros solos, sin considerar a los que nos rodean, nunca llevará a nada productivo y acabará afectando a los demás.

4. Identificar las situaciones en las que debo de esperar y otras en las que tengo que actuar.

5. Vivir aparentando no es nada saludable, acabarás por decepcionar a ti mismo y a los demás.

6. Aprender a trabajar en equipo, respetar, admirar y confiar en el trabajo de los demás.

7. Cuidar, trabajar y amar lo que se me confía.

8. Conocer y aceptar mis limitaciones, sin exasperarme ni abrigar resentimientos cuando se me confronta y corrige.

9. Permitir que otros nos reemplacen en ciertas áreas y aprender de ellos. No podemos ni conocemos todo.

10. Ser bueno en algo no pasa por fuera sino por dentro. Es necesario trabajar duro para mejor aspectos flojos o pobres.

11. Intentar una y otra vez hasta ser efectivos, sin conformarse, al llegar a cierto nivel de competitividad.

12. Respetar y escuchar al líder (aunque algunas veces no tenga la razón) 😉

Por último, creo que estas lecciones me ayudan a evaluar las cosas que estoy haciendo mal como esposo, padre, amigo, hijo y líder; desafiándome a buscar la excelencia en todas las áreas de la vida.

¡Piensa, te va a gustar!

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