ERES ÚTIL O TE CREES INDISPENSABLE

liderazgo
En mi reducido círculo social-laboral, frecuentemente me relaciono con dos tipos personas. Me refiero en particular a los que desempeñamos alguna responsabilidad colectiva.

Primero, se encuentran aquellos totalmente convencidos, que su participación en determinado pedestal de liderazgo (llámese director, gerente, maestro, ministro, presidente o capitán), es solamente con propósitos de colaboración e influencia.

En segundo lugar están aquellos que sostienen una ideología diametralmente opuesta a la de los primeros. Una característica perceptible de estos queridos no es su colaboración e influencia, sino su imponencia, exigencia y falta de metas concretas.

Los primeros NO batallan por la gratificación de aplausos y laureles. NO hacen alarde de sus capacidades. Se involucran solo por la pasión que tienen de servir y no por la de servirse. Dejan que otros aporten y comenten. Permiten que critiquen y cuestionen. A los seguidores sobresalientes los impulsan y no los detienen. No se molestan ni incomodan si sus puntos de vista no son aceptadas. Se alegran de estar rodeados de personas creativas y mentes ágiles. Aceptan que su posición es la de servicio. Aceptan que están aquí para ser útiles.

Los segundos certifican que sin ellos nada funciona. De ellos escuchamos afirmaciones como éstas: “¡Que sería de esta (familia, directiva, equipo, ministerio, empresa) si no estuviera con ustedes!” “Si yo estoy se hace bien, si no es un desastre” “Debieron esperar a que yo llegara” “La gente me necesita” “¿A dónde irá a parar esta (familia, directiva, equipo, ministerio, empresa) cuando yo no esté?” Y así podríamos hacer un inventario de aserciones que solamente reflejan falta de autoestima, debilidad de carácter, y poca o nada de confianza en sí mismos. Se han creído la ilusoria historia que ellos son indispensables.

Los primeros logran que una institución sea cual sea avance sin imposición y temor, sino con entusiasmo y amor. Son líderes natos que aman su vocación. Siempre están preparados para ser reemplazados por alguien mejor. Los segundos detienen progresos. Impiden avances. Cortan el crecimiento y se consideran irreemplazables, totalitarios e indefectibles.

Los del primer grupo se esfuerzan y sacrifican para lograr resultados perdurables, los del otro en cambio,  buscan lo inmediato y cosechan resultados intrascendentes.

Respondamos a estas preguntas de forma objetiva y sincera ¿Qué tipo de líder soy? ¿Estoy siendo útil e influyo positivamente en otros o me considero indispensable?

Procuro a menudo pasar por el tamiz del liderazgo, evaluando y preguntándome si acaso no estoy en el extenso grupo de los segundos, y si estoy cambiando aquello improductivo para asemejarme a los primeros.

Reconozcamos. Si ahora exhibimos cierto papel de hombre o mujer “importante”, con un grupo de gente prestándonos sus oídos y corazón; pueda que se deba a nuestra disposición e insignificante preparación. Pero sin duda nada, absolutamente nada podríamos hacer sino fuera por gracia de Dios.

En palabras del apóstol Pablo: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí CON CORDURA, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” Romanos 12:3 (RVR1960)

¡Piensa, te va a gustar!

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